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Luchas sociales

Armas y mamaderas

23/08/2014

Nuestra comunera de la Comuna 8 relata con crudeza el desalojo en Villa Lugano.


Armas y mamaderas

Dolor. Hoy nos golpean las consecuencias. Nos golpean el asesinato de Melina y las muertes anónimas de los silenciados dentro y fuera de Barrio Papa Francisco. Todos podemos ser Melina y todos podemos volvernos más pobres y quedar en situación de extrema necesidad. Nadie está exento de nada. Nadie tiene el bienestar garantizado. Todos, en cambio, queremos vivir bien y nos sentimos con derecho al pan de cada día. Los que tenemos empleo, aunque el miedo parezca reinar ahora, nos sentimos más o menos a salvo. Pero tratemos de hacer un análisis amplio de la situación. Digo amplio pensando, no en la parte personal que a cada uno de nosotros nos afecta, sino tratando de mirar lo que nos afecta a todos como una sociedad que tiene la posibilidad de integrarse y buscar juntos soluciones justas. Difícil es el análisis y más difícil aún encontrar esas soluciones. Pero haré lo posible:

Antes de 2005: En el predio donde hoy vemos los conflictos humanos de la toma, el Barrio Papa Francisco y el desalojo, había crecido una especie de cordillera, no de montañas, sino de autos apilados, deteriorados, oxidados generando contaminación, roedores que corren más allá de la villa, dengue con mosquitos que vuelan hasta nuestras casas, etc. Las luchas sociales dieron un resultado que debió habernos beneficiado a todos: la Ley 1770 de 2005.

Esta establece que el predio debe ser saneado por estar contaminado y luego destinado a construir un barrio para los habitantes de la Villa 20.

Después de 2005: Pero la Ley no nos benefició demasiado porque su cumplimiento se limitó a limpiar de vehículos el lugar quedando un 60 % en manos de la Policía Federal, es decir Gobierno de la Nación, donde aún hoy sigue habiendo autos aunque en menor proporción. El 40 % restante, responsabilidad del Gobierno de la Ciudad, quedó desocupado a la espera de que se saneara el suelo y se construyera un barrio. Ni Nación ni Ciudad avanzaron en el cumplimiento de la Ley 1770 a pesar de que el llamado “Cementerio de autos” es un caso judicializado, a cargo de la Jueza Liberatori. Como reacción social, tenemos, entre otros, los hechos del Indoamericano. Ese conflicto se “resolvió” con muertes y con promesas que ambos gobiernos olvidaron. Mientras tanto se siguió esperando el cumplimiento de esta Ley. En síntesis, solamente la paciencia y la esperanza de los más pobres ocuparon ese 40 % del predio. ¿Se entiende que el predio estuvo desocupado durante años?

2013: El GCBA a través de la empresa Greencross hizo un estudio del suelo que confirmó la contaminación.

2014: Cualquier ser humano con un mínimo de criterio podía imaginar que la paciencia y la esperanza de los más pobres no iban a durar para siempre. Cuánto más debieron imaginarlo los dos gobiernos. A la extrema pobreza debieron responder ellos. Pero en todos los niveles se impuso la posibilidad de hacer negocios inmobiliarios desde los punteros hasta quienes tienen aún hoy el poder de gobierno para hacer bien las cosas. (Volvemos a la Ley 1770). El 24 de febrero los

ciudadanos despertamos con la noticia de la toma. Ante esta hubo distintas reacciones y opiniones. Algunas de ellas (trataré de ser objetiva al mencionarlas)

Se dijo:

“El desalojo debió haberse hecho apenas comenzó la toma”

“Que desaparezcan todos los extranjeros”

“Esto pasa porque no se vio que hicieran nada para dar soluciones a la gente.”

“Si los que están ahora ocupando hubieran visto que se avanzaba con obras, esto no pasaba.”

“Las tierras están contaminadas.”

“Son todos delincuentes.”

“Son gente pobre. Hay muchas mujeres solas y niños.”

“Si yo estuviera ahí, no expondría a mis hijos.”

“De acuerdo, pero hay muchos menores.”

“Yo alquilo y no tengo la posibilidad de acceder a un préstamo hipotecario y estos quieren que se les regale la casa.”

“El problema habitacional lo tenemos todos. La clase media y los más empobrecidos tendrían que unirse en un reclamo común para exigir soluciones justas.”

Cada uno de nosotros se sentirá identificado con alguno de estos dichos y podrá, obviamente, agregar los suyos.

El 28 de febrero se inauguraba el año legislativo con discursos en la Legislatura mientras en la toma y sus inmediaciones se respiraba apenas pensando en que la Metropolitana llegaría en cualquier momento para hacer el desalojo. Por otra tarde, nos hicimos presentes comuneros de diferentes pertenencias políticas y aún de diferentes comunas y también concurrieron legisladores tanto del Frente para la Victoria como de UNEN, del MST y del FIT. Si alguno de ellos pretendió sacar de la situación un rédito político, como se nos ha reprochado, indudablemente se equivocó. Pero, quiero creer (y en mi caso fue así) que obramos con la decidida intención de preservar la vida tanto de los ocupantes del predio como de la misma Metropolitana. Repito: la intención fue preservar la vida y darnos tiempo para buscar soluciones justas y no violentas.

¿Qué pasó luego?

NADA. Nada más que todo esto:

Algunos vecinos de la Comuna 8 se reunieron en marchas y protestas reclamando el desalojo.

Claro: en estos reclamos también aparecen mezclados criterios justos con egoísmos personales. Es cierto y merecedor de soluciones el reclamo por la vivienda para todos y me refiero a aquellos integrantes de la clase media que no acceden a un crédito de acuerdo con sus ingresos y me refiero también a quienes alquilan habitaciones precarias dentro de las villas. Todos deberíamos tener la posibilidad de acceso a la vivienda y la posibilidad de conseguir empleos que nos habiliten para pagarla. Si existiera la voluntad política de dar respuestas, esto tendría solución. Como no existe por parte de ambos gobiernos, deberíamos unirnos en un reclamo común para que tal voluntad exista alguna vez.

Otros comenzamos a reunirnos buscando alternativas y elaborando proyectos para solucionar el conflicto. Concurrimos a todas las autoridades que pudimos y trabajamos con una voluntad tenaz remando contra la corriente.

En determinado momento, vimos con buen ánimo que la Defensoría y otros organismos llevaron adelante el censo en el Barrio Papa Francisco y Villa 20. Así se lo hicimos saber a la misma Jueza Liberatori llevándole un documento consensuado de manera multisectorial sin dejar de manifestar la necesidad de que se siguiera avanzando en el cumplimiento de la Ley 1770.

Entretanto, la zona quedó liberada. Abandonados a la buena de Dios, el Barrio Papa Francisco, la Villa 20 y en general los barrios más cercanos comenzaron a ser víctimas de la delincuencia, de las mafias, los narcos, etc. que vieron la ausencia del Estado y creció la inseguridad de manera rápida y alarmante.

En lo personal, he recorrido la villa y la toma. Vi bebés tomando mamaderas con AGUA y escuché que había armas. Digo esto como síntesis.

Los medios hablaron de esto y el malestar también creció.

Quienes formamos aquel cordón frente a la Metropolitana nos solidarizamos con los familiares y amigos de Melina y de las otras muertes silenciadas.

Durante este tiempo, evidentemente, la Metropolitana, la Federal y la Gendarmería han desarrollado la logística necesaria para llevar adelante el desalojo. Seguramente hayan analizado estrategias que no estaban listas el 28 de febrero. No abro juicios sobre esto aunque, tal vez, una mayor preparación de las fuerzas haya simplificado el desalojo. No sabremos nunca qué hubiese pasado en febrero. ¿Pudo haber más muertes en ese momento? ¿Se habrían evitado los crímenes que lloramos hoy? No podemos saberlo.

Lo que resta es auxiliar a quienes necesitan lo básico para sobrevivir y que con URGENCIA, ahora sí se produzca el saneamiento del suelo y la construcción de un barrio digno, inclusivo, seguro, justo.

Para esto habrá que trabajar con honestidad, celeridad, solidaridad, eficiencia PARA QUE SE CUMPLA LA LEY 1770, para que haya políticas habitacionales que respondan a las necesidades de todos, para satisfacer las necesidades básicas de los más necesitados ahora, para que podamos tener proyectos de vida. EN DEFINITIVA PARA CUIDARNOS ENTRE TODOS Y PROTEGER LA VIDA.