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Insfrán, la corrupción eterna

22/04/2011 El Gobernador de Formosa aspira a la gobernación ilimitada, apoyado en el clientelismo y la corrupción. Escribe: Christian Vivas - Redacción InfoSUR

Gildo Insfrán, ahora "cristinista".
Gildo Insfrán, ahora "cristinista".

Gildo Insfrán, ahora "cristinista".

Gildo Insfrán, gobernador de Formosa, es uno de los cinco gobernadores argentinos que goza de la reelección ilimitada. Sin pausa, Insfrán ha logrado el control de la provincia contaminándola con el clientelismo más terrible. Formosa se ha convertido en un feudo manejado por el chantaje y la corrupción.

Como resultado de este proceso político degenerativo, se han quebrantado cada uno de los sectores sociales, políticos y culturales de la provincia. La reelección indefinida, hija de un sistema electoral perverso, tiene premisas que intoxican la sociedad. “El que no vota a los señores feudales, no recibe los planes sociales, no come, no vive, no existe”, es el pilar de un mecanismo de acción política destinado perpetuarse en el poder. En algunos casos, el gobierno provincial ha llegado a retener los documentos para coaccionar el voto.

 

Insfrán ha logrado instaurar un feudo en plena democracia, todas las comunas están manejadas por sus hombres, con el apoyo a nivel nacional de diputados y senadores del sector. Su secreto es simple: alinearse incondicionalmente a quien detenta el poder nacional. Insfrán -hoy soldado kirchnerista en la provincia- fue menemista, duhaldista, apoyó a Rodriguéz Saa en su semana presidencial. Esa es la clave de su gestión.

Formosa es una provincia con 200 electores, 50 mil Planes Jefas y Jefes de Hogar y 60 mil son empleados públicos. Esto convierte a los formoseños en rehenes políticos del gobernador, que opera a través de sus hombres comunales. Una vez más, la clave del gobierno eterno construido sobre la coacción electoral, “el que no vota al magistrado provincial, no recibe planes sociales”. Las denuncias de compra de sufragios, son las más recurrentes, pero nadie hace nada.

En Formosa, Gildo Insfrán depuró la democracia convirtiendo a la provincia en una zona feudal dominada por sus caudillos, un lugar donde no existe una clara división de poderes. En esta instancia, víctima de las manipulaciones políticas de Insfrán, el pueblo formoseño deambula sin respuesta a sus denuncias entre una legislatura sumisa y un poder judicial disciplinado a los caprichos del gobernador.