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LA HORA DEL PUEBLO (A 75 años del 17 de octubre de 1945)

LA HORA DEL PUEBLO (A 75 años del 17 de octubre de 1945)


LA HORA DEL PUEBLO (A 75 años del 17 de octubre de 1945)
Por Juan MASSINI. Apoderado Nacional de Proyecto Sur.

El 17 de octubre de 1945 se produjo un hecho único de la historia argentina y quizás de la historia mundial: el pueblo irrumpió en la política y rescató de la oscura telaraña de la intriga a quien sería uno de los líderes más importantes del Siglo XX, el General Perón. No fue la primera vez ni sería la última en que la sociedad argentina toda fue protagonista de un hecho trascendente que desbordó las expectativas de dirigentes propios y extraños.
En el convulso octubre de 1945, el gobierno del General Edelmiro J. Farrell estaba en retirada, debilitado por las presiones externas, mediáticas, aliadófilas y contubernistas, el día 13 había aceptado encargar al Procurador General de la Nación, Doctor Juan Álvarez, en su carácter de virtual primer ministro, la formación de un gabinete que actuaría en su gobierno en la transición hacia elecciones democráticas. Las propias “internas” en el GOU – la logia militar que había encabezado la revolución – lo habían desgastado, aunque parecían haber decantado a favor del ala liberal encabezada por el General Eduardo Ávalos y en perjuicio del ala nacionalista cuyo jefe era el entonces Coronel Perón, recluido en la isla Martín García.

Todo había comenzado cuando recién iniciado el gobierno revolucionario, un sector del sindicalismo (Ángel Gabriel Borlenghi, Juan Atilio Bramuglia, Francisco Capozzi, Alcides Montiel) socialistas, comunistas y revolucionarios, habían propuesto a los militares crear una Secretaría de Trabajo, fortalecer la CGT y sancionar una serie de leyes laborales que aceptaran los reclamos históricos del movimiento obrero argentino. Esta aparentemente insólita alianza entre sindicalistas y militares logró que el gobierno militar designara a Perón como Director del Departamento de Trabajo, un cargo que parecía carecer de valor alguno. Un mes después, consiguieron elevar la jerarquía del organismo a Secretaría de Estado (2 de diciembre de 1943). Desde la Secretaría de Trabajo y con el apoyo de los sindicatos, Perón se puso al frente del programa sindical histórico: se crearon los tribunales de trabajo; se sancionó el Decreto 33.302/43 extendiendo la indemnización por despido de los empleados de comercio a todos los trabajadores; más de dos millones de personas fueron beneficiadas con la jubilación; se sancionó el Estatuto del Peón de Campo y el Estatuto del Periodista; se creó el Policlínico para trabajadores ferroviarios; se prohibieron las agencias privadas de colocaciones; se crearon las escuelas técnicas obreras; entre 1944 y 1945 se firmaron trecientos setenta (370) convenios colectivos de trabajo que protegieron a más de 3.586.868 trabajadores. Adicionalmente, Perón logró derogar el decreto-ley que reglamentaba los sindicatos sancionado en los primeros días del gobierno militar.
La reacción de los sectores liberales del ejército, en virtual estado de asamblea, no se hizo esperar, provocaron la destitución de Perón de todos sus cargos y su prisión. Pero éste no se fue sin antes armar una estrategia con una delegación sindical (9 de octubre) y enumerar los logros obtenidos en un discurso radial que alcanzó gran repercusión (10 de octubre). Se sucedieron actos y movilizaciones en diversos puntos del país, hasta que en la noche del 16 la CGT aprobó una huelga general para el 18 y un documento en que se pedían elecciones, el mantenimiento de las mejoras obreras obtenidas y la liberación de los presos políticos, entre otros puntos.
Ya sabemos lo que ocurrió el 17, pero ¿quién lo hizo? Cipriano Reyes, por entonces dirigente de carniceros, escribió años después “Yo hice el 17 de octubre”. En verdad fueron varios los dirigentes sindicales que tuvieron un rol activísimo, así como el Coronel Domingo Mercante y su secretaria, Isabel Ernst etc. Sin olvidar que la mente preclara que lo imaginó, aún sin saber si lo lograría, fue sin duda la del entonces Coronel Perón. Pero el protagonista definitivo fue el pueblo y sus héroes espontáneos y anónimos que impulsaron la movida histórica del Siglo XX que hizo temblar el aparato corrompido del coloniaje.
“…de pronto me llegó desde el oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra: “Yo te daré/ te daré, Patria hermosa/ te daré una cosa/ una cosa que empieza con P/ Perón”. “Y aquel ‘Perón’ resonaba periódicamente como un cañonazo. Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban, no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina ‘invisible’ que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas –dice Leopoldo Marechal- me hice peronista”
A su vez, Raúl Scalabrini Ortiz –uno de los fundadores de Forja y autor del “Hombre que está solo y espera”–, nos dejó el siguiente testimonio: “Esa tarde de sol, el pueblo, olvidado y traicionado, se sublevó desde el suelo. El sol caía a plomo cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de breas, grasas y aceites. ”Llegaban cantando y vociferando, unidos en la imprecación de un solo nombre: Perón. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir. Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. ”Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la Patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón”.
El 17 de octubre de 1945 el pueblo se encontró a sí mismo, liberó su conciencia de patria y la proclamó a los cuatro vientos. Perón, en un discurso improvisado y ante una Plaza de Mayo desbordada dijo: “…únanse, sean hoy más hermanos que nunca, sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa patria, la unidad de todos los argentinos.”
Que así sea.

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