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Los jóvenes se movilizaron contra el cinismo ambiental

Compartimos el artículo de opinión de Fernando Pino Solanas sobre la Marcha Mundial del Clima publicado en Infobae

¿Qué está pasando en el mundo para que la voz de los jóvenes asuma la responsabilidad de interpelar a los más viejos? ¿Hasta cuándo continuarán los actos hipócritas de los dirigentes que nos gobiernan y de quienes detentan las industrias, el agronegocio, las minas y actividades extractivas con el fin de acrecentar sus rentas? ¿Seguirán engañando con dobles discursos y bellas palabras como “ambiente sustentable”, “desarrollo”, “crecimiento”, “energías limpias” mientras promueven todo lo contrario? El cinismo ambiental como práctica política, es lo que ha venido instalando la civilización del petróleo y el capitalismo global. Hemos visto a los líderes mundiales en las cumbres climáticas firmar compromisos para detener el calentamiento global y el año 2016 fue el más caliente de la historia y el 2017 y 2018 fueron aun los más calientes.

Greta Thunberg es la joven sueca de 16 años que ha tomado la defensa del planeta como el motivo central de su vida y ante la cultura del cinismo nos interpela a nosotros, los adultos. Interpela las bases de la modernidad y su dominación destructiva de la naturaleza. Es la voz de una conciencia colectiva frente a la catástrofe del cambio climático y su secuela de desertificación, inundaciones, temporales, muertes y desaparición de cientos de miles de especies vegetales y animales.

Greta ganó fama con su iniciativa de lanzar una inédita huelga escolar: ausentarse todos los viernes en protesta por el cambio climático global. Lo que empezó como una acción solitaria se transformó en un movimiento mundial: el pasado viernes se movilizaron mas de 5 millones de personas en cientos de ciudades del mundo, incluso en nuestro país.

En las Naciones Unidas hablaron días pasados Greta junto a los Jóvenes por el Clima de Argentina. “Estamos al inicio de una extinción masiva – dijo Greta en las Naciones Unidas- y ustedes solo pueden hablar de dinero, de cuentos de hadas y de eternas promesas de crecimiento económico. ¿Cómo se atreven?”. Bruno Rodríguez reafirmó aquello por lo que se viene luchando: “Sin justicia ecológica no hay justicia social y viceversa”. La respuesta del gobierno nacional a sus reclamos fue lamentable: lo hizo a través del canciller Jorge Faurie y un ex ambientalista -hoy diputado nacional-

La mayoría de la clase política argentina aún no comprende que la problemática socio-ambiental se ha convertido en un eje central de las relaciones internacionales e incluso del comercio global. Los incendios en el Amazonas son uno de sus mayores ejemplos que ha trastocado el mapa de relaciones entre los países aun traspasando barreras ideológicas. ¿Qué pasaría con nuestra economía si el resto del mundo decide dejar de comprar la soja transgénica argentina por sus nefastas consecuencias tanto por la deforestación de bosque nativo como por los agroquímicos y su masivo impacto sanitario y ecológico? Apostamos todo nuestro futuro a Vaca Muerta y estamos en el ocaso de los combustibles fósiles: ¿Seguirá habiendo un mercado internacional de petróleo y gas en el mediano plazo?

Desde el año 2013 presidimos la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Senado Nacional, presentamos más de un centenar de proyectos de ley, de resolución y de comunicación y realizamos decenas de encuentros de debates abiertos al público con especialistas nacionales y extranjeros (desde Vandana Shiva, Alberto Acosta, Eduardo Gudynas, Robert Morán hasta los médicos y científicos de los pueblos fumigados, la Asamblea de Jáchal o los comunidades mapuches afectadas por el fracking en Vaca Muerta). Aún así rara vez tuvimos en la comisión quorum para votar los proyectos y se han acumulado decenas de proyectos de todos los senadores. Este año, gracias al empuje del movimiento de “Jóvenes por el Clima” y la “Alianza por el Clima” pudimos lograr la sanción en el Congreso Nacional de la declaración de Emergencia Climática y Ecológica. Fue la primera en América Latina y la cuarta a nivel mundial. Esa tarde fue otra gran victoria porque pudimos lograr la media sanción, en sesión plenaria, de nuestro proyecto de Ley de Presupuestos Mínimos para la Adaptación y Mitigación al Cambio Climático Global.

En nuestro país tenemos el Riachuelo, el peor ejemplo de la degradación de los ecosistemas y de la naturaleza. Allí viven los sectores más vulnerables de la sociedad donde la mortalidad infantil de la Ciudad de Buenos Aires se duplica, o más, en sus orillas. En una Ciudad que tiene el presupuesto similar a Madrid y que ha convertido a la problemática ambiental solamente en una fachada, en un enorme greenwashing. A pesar de la enorme necesidad de nuevos espacios verdes el gobierno de Rodríguez Larreta entrega sistemáticamente las tierras públicas a la especulación inmobiliaria. Han convertido, además, a la ciudad de Buenos Aires en una de las que más contaminan por su sistema de transporte de combustibles fósiles, alentado por este gobierno que dejó de construir subterráneos -por primera vez en décadas- abandonando el transporte público más eficiente y ecológico.

La política ambiental de Cambiemos, si es que tuvo alguna, se inició con la “invitación a rezar para apagar incendios forestales” y se consumó en el respaldo del presidente Macri a la fumigación con agroquímicos, el silencio ante la megaminería sobre glaciares y la complicidad ante el desmonte por el agronegocio.

Dicen que cuidan la salud de los argentinos y por año se fumigan los campos, pueblos y hasta escuelas rurales, con más de 500 millones de litros de agroquímicos, entre ellos el glifosato. Según estudios científicos, nuestros grandes ríos, como el de la Plata y el Paraná, proveedores de la mayor parte de la población, están contaminados con agrotóxicos.

Los glaciares son nuestros tanques de agua, donde nacen nuestras cuencas hídricas, y son afectados por una actividad minera que avanza sobre ellos afectándolos y violando la Ley de Glaciares.

La Ley de Protección del Bosque Nativo continúa desfinanciada mientras se suceden los desmontes para el avance de la soja transgénica o la ganadería convirtiendo a nuestro país en uno de los mayores deforestadores a nivel mundial, a razón de 300 mil hectáreas por año. Argentina vive una situación parecida al Amazonas. No hay grandes incendios, pero sí poderosas máquinas que deforestan a cada paso.

Vaca Muerta es un error que funciona a base de subsidios y tarifazos del Estado hacia las grandes petroleras y cuya tasa de retorno es baja. Que el Estado argentino, y los usuarios hayan subsidiado a las petroleras desde el inicio de Vaca Muerta, en más de 20 mil millones de dólares, demuestra también su inviabilidad económica y la ecológica. El desafío actual es hacer de la YPF del siglo XXI una generadora de empleo y desarrollo con las energías renovables.

El gobierno argentino ha firmado los Convenios Internacionales de las Cumbres Climáticas, pero en nuestro país se sigue profundizando el peor de los modelos energéticos: el 90% de la energía eléctrica se produce con combustibles fósiles que son las grandes responsables del calentamiento global.

Para la mayoría de los países de América latina y del Sur global, los procesos de adaptación al cambio climático adquieren una relevancia fundamental porque de ese ajuste depende la supervivencia de miles de pueblos y comunidades. Los presidentes de los países del Norte nos convocan pero son ellos los que generan el 90% de la contaminación del planeta mientras somos nosotros los que sufrimos sus consecuencias sin contar medios económicos y tecnologicos para enfrentarlas. Solo 100 grandes trasnacionales son responsables del 70% de los gases de efecto invernadero.

Con este contexto cualquier política ambiental que se pretenda sin debatir las múltiples consecuencias sociales del modelo extractivista y de maldesarrollo -hoy vigentes- será un mero parche.

Perón, en el año 1972, emitió un “Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo” que aún hoy es de vanguardia. Entre otras ideas decía: “Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales.(...) Son necesarias y urgentes: una revolución mental en los hombres, especialmente en los dirigentes de los países más altamente Industrializados (...) Implica comprender que el hombre no puede reemplazar a la naturaleza (...) el lucro y el despilfarro no pueden seguir siendo el motor básico de sociedad alguna (...)La Humanidad debe ponerse en pie de guerra en defensa de sí misma. En esta tarea gigantesca nadie puede quedarse con los brazos cruzados”.

Por Fernando "Pino" Solanas 

POR Prensa


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