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Pino Solanas: "El cine me encanta, no quiero abandonarlo"

En esta entrevista realizada por el diario Clarìn, Solanas habla sobre el estreno de su pelìcula Viaje a los pueblos fumigados y de los 50 años de La Hora de los Hornos.

Fernando “Pino” Solanas”, que hoy es senador, fue es y parece que seguirá siendo cineasta. A los 82 años enfrentará otro que un Mayo francés. El jueves 3 estrena su nuevo documental Viaje a los pueblos fumigados, con el estilo que nos tiene acostumbrados: él mismo lo relata, se muestra ante la cámara e investiga y denuncia. En el caso, la tala indiscriminada de bosques y el (ab)uso de agroquímicos.

Y el 17 de mayo, a medio siglo del Mayo francés y de la suspensión de funciones en el Festival de Cannes, allí mismo exhibirá en la sección Cannes Classics La hora de los hornos, el documental que codirigió con Octavio Getino, y que también cumple medio siglo de su estreno.

-¿Con qué estás más inquieto por el viaje a Cannes, o el estreno del documental?
-El estreno. El viaje a Cannes es un viaje de placer y turismo, la proyección...

Ya está todo dicho. El INCAA ordenó hacer una copia en 4 K de La hora de los hornos. Cannes sólo acepta películas restauradas. Y ya hay 12 invitaciones de otros tantos festivales, y en la (Sala) Lugones Luciano Monteagudo la programó para el 7 u 8 de junio. Son cuatro horas y diez minutos. En cuanto a Viaje a los Pueblos Fumigados, la película funciona bien en muchas proyecciones previas, el asunto es tener salas para estrenar.
El cine independiente no tiene salas, es una karma.

-Lo estás experimentado desde hace rato.
-Lamentablemente. Y el formato no es algo que la gente corra para ver. El cine de entretenimiento y ficción, sobre todo, es el que mueve al público, y no se sabe adónde va a ir a parar con las nuevas plataformas como Netflix y Amazon.

-¿Cómo hiciste para filmar la película mientras te desempeñás como senador de la Nación?
-Empleo mis vacaciones para filmar una película, para terminar la que está en curso desde el verano anterior. Hay secuencias que son de lo que filmé en 2013, con (Jorge) Rulli andando entre la soja.

-¿Por qué seguís haciendo cine?
-Hago estos documentales, primero porque me encanta el cine, no quiero abandonarlo. Las películas son continuidad de mis investigaciones y trabajos acá en el Senado. Algunos van a la playa, pasan el verano en Cariló o Punta del Este. Tengo proyectos de ficción que no los podría hacer trabajando en el Senado, porque te demanda el armado industrial que tiene un rodaje de ficción. Estas películas las he podido hacer y las he financiado yo.

-¿Por qué decís que el público no corre a ver los documentales?
-La gente no va al cine a ver estas películas, las espera ver en la Facultad o en el canal Encuentro. Aunque las mías no pasan por el Canal Encuentro, ni antes ni ahora. Ojo, es un grupo de muchachas macanudas, tuvimos el proyecto de hacer Viaje... en serie, pero hay un recorte sobre la cultura y sobre el cine monumental.
Es salvaje. Pero no me puedo quejar. Mi película sobre los ferrocarriles...
El Canal Encuentro me encargó una serie de 8 capítulos que tenía más material, militaba contra el tren bala y lo criticaba a Ricardo Jaime, ponía el foco en cosas muy urticantes. Encuentro la pagó, y la puso en el cajón en aquella época. El filme milita por la reconstrucción de los ferrocarriles de servicio público. Sigue en el cajón.

-Solés trabajar con tus hijos, Victoria y Juan.
-Juan hizo el color. Y le encontró la vuelta al llevar la película a un contraste extremo y saturar el color, es un logro del filme. El problema no es el tema, sino inventar la película.
Victoria es escenógrafa e hizo la producción de películas de Juan, dentro de esta concepción gasolera del cine, se paró tres meses, nos llevó tres años.

-¿Te resultó difícil hacer el rodaje?

-No. He viajado mucho desde Memorias del Saqueo, fui construyendo una serie de relaciones con la gente.
Y soy presidente de la Comisión de ambiente sustentable en el Senado, es el quinto año que me eligen, hemos hecho mucha legislación. Muchos de los temas abordados en los filmes fueron presentados como proyectos de ley. Por supuesto, pocos han salido. Si algún sentido tiene la película es la de promover un gran debate sobre un tema que consideramos grave.

-Está claro que la salud de la población está en riesgo con los agroquímicos. ¿La agricultura intensiva no puede reemplazarse por una orgánica?
-Hay experiencias en el mundo, que se están haciendo en el mundo en desarrollo. Viene creciendo la demanda de alimento sano, ecológico por parte de los consumidores.Es una experiencia extraordinaria.
Los pioneros son los Estados Unidos, Canadá, Australia. Acá todo lo que se produce de alimentos orgánicos se exporta. Hay un importante desarrollo de productores ecológicos y orgánicos, y en el filme hay testimonios, en Sierra de los Padres, de una chacra de 400 hectáreas, y un grupo de productores en el sur de la provincia de Buenos Aires desde hace 20 años. Es el trigo de mejor calidad del mundo. O vas a Alemania, y en todas las cuadras hay negocios que te venden alimentos orgánicos, en los mercaditos y supermercados, ha crecido enormemente la cultura para alimentarse sanamente. Allí la gente sabe lo que compra, se informa.

-Es un cambio cultural también.
- Ojalá la película despierte en el público la necesidad de saber qué es lo que está comiendo. Dicen que las grandes marcas cuidan nuestra salud. Cuando en verdad nadie sabe lo que le ponen. En realidad lo primero que deben cuidar los gerentes de las marcas es cumplir con las metas de producción y de rentabilidad.

-¿Qué documental vas a hacer a futuro?
-Tengo 2 o 3 ideas, desearía seguir con ficción, pero no tengo productor. He tenido que dirigir y producir, es una pesadilla, es muy desgastante. Si me preguntás qué desearía hacer... Y, hacer un par de proyectos de ficción que llevo aguantando desde años. Si fuera documental, en el sur, en la Patagonia. El tema de la pesca me apasiona.
El derroche de un recurso extraordinario que tenemos. He publicado un libro. La Argentina hace años que le ha dado espalda a la pesca. Se tiran 300.000 toneladas de pescado porque no son las especies que el mercado quiere, o no son negocio. Las flotas extranjeras roban un millón de toneladas por año.
Ideas y material, como decía Pino, hay

POR Prensa


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