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Todos somos deudores de Fernando

Compartimos la nota de opinión publicada en Página 12 ante el fallecimiento del gran y mutifacético artista Fernando Birri

Fernando Birri es uno de los grandes de la cultura latinoamericana de este siglo. No sólo del cine, porque Fernando fue un artista multifacético: fue poeta, ensayista, narrador, titiritero, actor, gran dibujante y pintor. Dejo para lo último que fue un gran cineasta que marcó rumbos en el cine latinoamericano y un maestro de varias generaciones de directores de todo el continente. Fernando fundó la primera escuela de cine de América latina: la Escuela de Cine Documental de Santa Fe.

Pero además le deben los documentalistas brasileros porque hizo escuela en Brasil y dictó cursos allí. Le deben gratitud generaciones de cineastas  latinoamericanos y documentalistas chilenos, bolivianos, peruanos, colombianos, venezolanos. No hay que olvidar que Fernando pasó mucho tiempo en la Escuela Documental de Mérida, en Venezuela. Y como si fuera poco fue el fundador, junto a Gabriel García Márquez, de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba. Y no sólo fue su fundador sino también su primer director. Fidel Castro les encomendó a los dos hacer una gran escuela abierta a todos los jóvenes del mundo.

Como director de cine, es importante señalar que Tire dié es el primer documental testimonial del cine latinoamericano. A mí me marcó profundamente. Por eso, en La hora de los hornos hay una cita de Tire dié y de la histórica imagen de los chicos que atraviesan el puente. Fernando, como director, ganó el primer premio importante para el cine argentino en Venecia. Fue el de Opera Prima por Los inundados, que tenía un prestigio impresionante.

Fernando, que era un gran poeta, titiritero, dibujante se fue a estudiar cine a Roma con su compañero García Márquez. Los dos asistieron al Centro Sperimentale di Cinematografía. Era la época del Neorrealismo italiano. Vittorio de Sica, que había hecho una gran película como Ladrón de bicicletas, lo tomó como su asistente. Y nosotros, que estábamos queriendo hacer cine, ¡nos enteramos que había un argentino que había estudiado en Italia y que era el asistente de De Sica!

Fernando ha hecho innumerables películas de toda condición. Se conoce poco su obra, pero nunca estuvo atrapado por los condicionamientos de la industria cinematográfica ni del mercado. Fue un poeta del cine. Hizo, por ejemplo, La primera fundación de Buenos Aires, con las pinturas de Oski. Fue muy amigo de Rafael Alberti y de los poetas contemporáneos. Por eso, Fernando es uno de los grandes hombres de la cultura de la Patria Grande.

Fernando es también una unidad con su mujer Carmen. Uno siempre pensaba en Fernando y en Carmen, su compañera de toda la vida. Todos los cineastas latinoamericanos le debemos un agradecimiento al amigo porque todos los que pasábamos y nos iniciábamos en Roma contábamos con el apoyo de Fernando y Carmen que nos recibían de una manera encantadora.

El primer espectador que vio La hora de los hornos fue Fernando. Cuando vi la primera copia en el Instituto Luce Cinecittà, lo invité para que la viera conmigo. Terminamos llorando de emoción. Digo esto porque fue un esfuerzo titánico hacer La hora de los hornos. Y fue un esfuerzo que gozó de la solidaridad de Fernando. La proyección fue el 3 de junio de 1968, pocos días después del Mayo Francés. Por supuesto, Fernando fue un testigo y un sostenedor de aquella aventura desafiante a todos los contratiempos y las adversidades.

Hace pocas semanas yo entregué la mención de honor Domingo Faustino Sarmiento a diez grandes referentes del cine argentino. Se trata de la máxima distinción que otorga la Cámara Alta a importantes personalidades de la Argentina. Entre los diez que quise homenajear estaba Fernando, que no pudo venir. Yo le llevé a Roma, en noviembre, el diploma cuando viajé a la Cumbre Climática y a ver al Papa. El 12 de noviembre, que fue domingo, lo fui a visitar al hospital. Estaba como dormido, Carmen me había dicho que no quería comer, que formulaba algunas palabras. Y yo le llevaba el premio. Cuando se enteró de que yo se lo traía, fue algo extraordinario. ¡Renació Fernando! Y me dijo: “Te agradezco tanto que no me hayan olvidado”. Estuvimos una hora y terminó susurrando, pero cantando feliz.

Todos somos deudores de Fernando.

 

Fuente: Página 12

POR Prensa


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