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Opinion

Vínculo entre Argentina y China: dejar de ser perros

10/02/2015

El viaje de Cristina Kirchner a China analizado por nuestro referente de Paraná.


Hugo Rivas, Proyecto Sur Paraná.

El viaje de Cristina Kirchner a China se inscribe en la creciente influencia de la economía más pujante del planeta en América Latina y, al mismo tiempo, en la urgencia del actual gobierno de obtener recursos para poder cerrar su ciclo político de una manera que le permita retener poder más allá de las elecciones de octubre. Ante lo cual debemos prever las consecuencias a mediano y largo plazo de este vínculo tan asimétrico con el gigante asiático.

Luego del corto reinado del mundo unipolar (1991-2001), bajo la hegemonía del “Consenso de Washington”, surge un orden multipolar pero con un fuerte peso en el continente asiático. Desde principios del siglo XXI, China emergió en la economía global demandando commodities en un volumen que llegó a modificar, al menos transitoriamente, la famosa teoría sobre el deterioro de los términos de intercambio entre materias primas y alimentos, por un lado, y bienes industrializados por el otro. Este boom del precio de la soja, del petróleo y de los minerales generó el ingreso de una enorme cantidad de divisas en todos los países de la región, al margen de sus expresiones ideológicas. Lo cual también habría posibilidades de una mayor independencia relativa que en los años 90.
Lamentablemente, en el caso Argentino, la bonanza del superávit comercial de materias primas no fue aprovechado para consolidad un modelo económico más armónico y soberano. Por lo cual hoy somos más dependientes de las variaciones de los precios internacionales, se incrementó la extranjerización de la economía, la concentración, la necesidad de importaciones para el sostenimiento de una industria ensambladora, etc.

Luego de agotada la competitividad de la devaluación de enero del 2002, más los déficit industrial y energético -este último generado por las irresponsables exportaciones de hidrocarburos- el actual gobierno se vio en la necesidad de restablecer las relaciones rotas luego del default para reiniciar el ciclo de endeudamiento externo, pero la voracidad de los holdouts cerraron esa posibilidad dejando al gobierno de Cristina Kirchner en la necesidad de pasar de Nueva York a Pekín en busca de fondos.

Pero no podemos dejar de tener en cuenta que la llamada “diplomacia de recursos” (resource diplomacy) que practica China tanto en América Latina como en África, tiene enormes implicancias económicas, políticas y legales, dado que cualquier conflicto que se suscite no será con una firma privada sino con el sector público chino. Y no es ninguna novedad que Pekín viene ganando cada vez más influencia internacional como también, dentro de nuestras fronteras. Además de establecerse que cualquier diferendo será resuelto bajo la jurisdicción de Londres.

No debemos perder de vista que el 87% de la inversión extranjera china es realizada por parte de su Sector Público y son definidas como políticas de Estado. Así el 100% de las inversiones chinas en América Latina y el Caribe están destinadas a la compra de materias primas o de energía tal cual lo establece su política de “going global”. Y no están permitidas otro tipo de inversiones, por ejemplo, cualquiera que lleve valor agregado.

Argentina podría haber establecido importantes acuerdos con China cuando estábamos mejor posicionados para negociar y debimos haberlo hecho desde una estrategia de complementación que permitiera ganar a ambas partes. Pero esto ya no se hizo y ahora corresponde ponerle un freno desde la sociedad movilizada a estos convenios, ya que los intereses de un gobierno en retirada no son los mismos que las del resto de los argentinos.

Y un ejemplo paradigmático de estas nuevas “relaciones carnales” es el polémico crédito por 430.387.551 millones de dólares con bancos estatales y aseguradoras de crédito chinas aprobado por la legislatura entrerriana para financiar el acueducto del norte entrerriano La Paz-Estacas y la sistematización y distribución de agua para riego Mandisoví Chico. Un proyecto que “brilla por su oscuridad”, tanto desde el punto de vista financiero ya que inexplicablemente cuadriplica sus costos como así también por la falta de un serio debate sobre el modelo de desarrollo de la zona comprendida en la obra.

Decía Arturo Jauretche: “No se trata de cambiar de collar sino de dejar de ser perro”. Argentinos, no olvidemos que en la cultura china comer perros es algo bien aceptado.