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A PROPÓSITO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO

PENSÁNDOLA EN LOS TIEMPOS DEL AÑO 2021

Por José Raúl HEREDIA

Nuestra patria dejará de ser colonia,
o la bandera flameará sobre sus ruinas.
Eva Perón

 

La independencia sólo se tradujo a veces en
un cambio de esclavitud, porque pasaron de manos
del virrey, responsable ante el monarca, a las de una
oligarquía ambiciosa que no tiene que rendir cuentas a nadie.

Manuel Ugarte

 

Reconquistar el dominio político y económico de nuestra
propia tierra es nuestro deber para con nosotros mismos,
para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos.
Scalabrini Ortiz

Escribo estas líneas en homenaje al enorme Fernando “Pino” Solanas, pensador estratégico, observador exquisito y militante perpetuo de las causas nacionales. Y en rasgado recuerdo de la entrañable Alcira Argumedo.

***
Según subraya Adolfo Saldías “en el colegio carolino de San Carlos se educaron, en la casi totalidad, los jóvenes que por su esfuerzo operaron la transformación del 25 de Mayo de 1810: Saavedra, Castelli, Belgrano, Rivadavia, Vieytes, García, Darragueira, Guido Anchorena, López, Roxas, Zavaleta, Tagle, Agüero, etc., etc.”. Y advierte: “Este hecho es muy sugerente. Y tanto, que si la justicia póstuma ha de discernirse inflexible lo que no siempre permite en estos tiempos la vanagloria humana don Juan José de Vertiz, fundador de ese colegio y de la primera y fecunda imprenta de Niños Expósitos, que comenzó por difundir vidas de santos y llegó a publicar y difundir la traducción que del Contrato Social trabajó don Mariano Moreno, merecería un homenaje de reconocimiento cuando el pueblo argentino célebre en paz y libertad el centenario de aquel grande día, a partir del cual se abrió una vida nueva para Suramérica, donde hoy convergen las corrientes del mundo civilizado, radicando progresos y transformaciones que cantarán nuestros remotos descendientes en la lengua de nuestros abuelos”. “Unos hombres que se forman intempestivamente como élite y se asumen como dirigentes de una revolución caracterizada –como toda revolución- por la incertidumbre” se escribiría mucho tiempo después.

Fue sin duda aquella Revolución “un proceso creador” pero que hay que observar hoy con ojos y pensamientos nacionales. Alberdi pudo afirmar: “Se debe tener presente, además, que la Revolución de Mayo, como todos los hechos del dominio de la historia, ha sido y será un punto de continua controversia”. “Dividida en dos partidos rivales, como la Revolución francesa, todos los juicios, todas las tradiciones, todos los escritos concernientes a su origen y causas, a su carácter y miras, a los trabajos desempeñados por cada uno de sus autores, se han resentido después de la primera división, y han caminado anarquizados. No se ha de olvidar tampoco la monomanía de la iniciativa que, en 1810, lo mismo que hoy, hacía que cada recluta se considerase principal actor y agente indispensable”.

Pongo el acento en esta idea: la división en dos partidos. Estos dos partidos se disputaron las dos grandes tareas que debía encarar la “Revolución”, a saber: la declaración de la independencia y la organización nacional. Y la disputa costó sangre de argentinos. He recordado antes esta aseveración, tan acertada, para explicar las razones de aquella división que se prolonga aun en nuestros días con otras manifestaciones: “La cuestión del tesoro es, en el fondo, el eje de toda la política argentina desde la emancipación. Las luchas civiles, las disensiones partidistas, las complicaciones políticas, el enardecimiento de unitarios y federales, de porteños y provincianos, el caudillaje mismo, todo ha nacido de ahí y ha gravitado a su derredor; tocar esta cuestión es 'picar en arena candente'; aclararla, es encontrar el hilo de Ariadna, que nos guía en el laberinto de la política argentina” (Quesada, 1898, p.82).

Aunque el mismo Alberdi aseveró que la primera de las tareas contaba con consenso, no así la segunda, he creído en cambio que no hubo coincidencias en ninguna de ellas. Lo que, a mi entender, explica, entre otras cosas, que se tardara más de seis años en declarar la independencia, aquel 9 de Julio de 1816 –para Alberdi y también en mi sentimiento, influido por el tucumano, la fecha de las provincias, no de los porteños-. Cierto es que se tardó mucho para la segunda y con largas y desgarradoras guerras intestinas mediante. En verdad, hasta 1880, cuando, luego de otro hecho cruento, se capitaliza la ciudad de Buenos Aires,1 no podemos entender concluida la etapa que en términos oficiales damos en llamar la organización nacional. ¡Setenta años! ¡Y aún está pendiente la primera pese a la insubordinación fundante del primer peronismo!

Si centráramos la atención en esta segunda tarea –la organización nacional- deberíamos rendir tributo a José Gervasio Artigas cuyas instrucciones dictadas a los diputados orientales electos el 13 de abril de 1813, quienes debían concurrir a la Asamblea Constituyente de ese año en la ciudad de Buenos Aires, 1 para el desempeño de su encargo, decían en su primer artículo lo siguiente: “Artículo 1°: Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas Colonias, que ellas estén absueltas de toda obligación de fidelidad a la Corona de España y familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España es y debe ser totalmente disuelta”. Como sabemos, estos diputados no fueron admitidos en la dicha Asamblea del Año XIII, por no venir en bastante forma sus poderes. Sin embargo, los diputados elegidos en Peñarol eran los más representativos de la Asamblea General ratificados por plebiscito popular destaca José María Rosa.

Hay que recordar que ninguna de las dos tareas esenciales ya señaladas, que eran de competencia de esa Asamblea –la independencia y la sanción de una Constitución- se cumplió entonces.2

Y aparece en esas Instrucciones la concepción de una federación de estados: “Artículo 2°: No admitirá otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las provincias que forman nuestro Estado”. Y añadían las instrucciones, obsérvese la claridad conceptual: “Artículo 5°: Así éste [el Gobierno Supremo de la Nación] como aquel [el Gobierno de las provincias] se dividirán en poder legislativo, ejecutivo y judicial”. “Artículo 6°: Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí, y serán independientes en sus facultades”. ¡Nada menos que la independencia de los poderes! Todavía cito: “Artículo 7°: El Gobierno Supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al Gobierno de cada Provincia”.3

Alberdi diría más tarde que la regla es el poder provincial y la excepción el poder central o general. Esta idea esencial en la formación histórica del Estado fue violentada sistemáticamente a lo largo del tiempo hasta concentrar en el gobierno central –llamado habitualmente, en una espantosa deformación de lenguaje pero, antes, deformación de conceptos, “la Nación”- los mayores poderes en desmedro de los autonomías locales –a las que se les conservó la denominación de “provincias”, no de “estados”, propia de una dependencia, como las provincias del Imperio romano.

Con su lucidez habitual, puntualizaba Alcira Argumedo: “Artigas buscará en las propuestas ideológicas más avanzadas de su época los elementos que le ayuden a sistematizar las aspiraciones nacionales y sociales. Incorpora así la influencia del liberalismo español, que conociera a través de don Félix de Azara; las vertientes comunitaristas cristianas de un José María Enrique de la Peña, —cura párroco de Colonia con el cual compartiera ‘aquellos buenos ratos que nos agradaban tanto’, amasando la común decisión revolucionaria— y el aporte de estudiosos y políticos americanos como Pérez Castellano y Dámaso Larrañaga. En esta absorción y reformulación crítica de las ideas contemporáneas, procesadas desde el tronco de las tradiciones populares, se irán delineando sus propuestas; que alcanzan la más clara articulación en las Instrucciones del Año XIII y en el ‘Reglamento provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de su campaña y seguridad de sus hacendados’ de 1815”.4

Claro que las causas de la Revolución de Mayo pueden bucearse en Europa esencialmente; 5 aunque me guste más hablar de la fecha de la Independencia –en 9 de Julio de 1816-, podemos reconocer su importancia y proyecciones. Podríamos recordar estas palabras que Alberdi pone en boca de revolucionarios: “…French- Vivan las nuevas leyes de la patria!” El pueblo- Vivan!”. “French- Vivan los santos principios de la Revolución de Mayo!” “El pueblo- Vivan! Mil y mil veces, eternamente vivan!” “Díaz Velez:- Son los principios de Washington y Lafayet, de Sydney y de Rousseau, de todos los hombres célebres que han ilustrado los fastos de la civilización humana! Acabais de emparentar con esta raza de gigantes; la luz de su aureola ha caído en vuestros cráneos, y estais bautizados hijos de la civilización y de la libertad: les debeis la vida á que naceis y la luz nueva que se abre á vuestros ojos: son vuestros padres. Nuestra revolución es la hermana menor de las revoluciones de los Estados-Unidos y de Francia! Todas tres tienen por padre al siglo de Rousseau! al siglo de Voltaire, de Montesquieu y de Diderot, al siglo 18 de ambos mundos! – Vivan nuestros ilustres padres los filósofos del siglo 18!”6

Las leyes de la Patria tardarían en construirse y desarrollarse: se abría desde entonces la etapa que el mismo Alberdi llamó derecho intermedio o patrio, esto es, las propias normas generadas en el interregno entre el proceso de independización política y las respectivas organizaciones institucionales. Hasta la sanción de la Constitución de 1853 se sucedieron diversos intentos que no alcanzaron a cobrar vigencia o que se abortaron, como las Constituciones de 1819 y 1826. También surgieron los pactos interprovinciales que menta el Preámbulo: “…en cumplimiento de pactos preexistentes…”. 7

En cuanto a la Independencia, creo oportuno recordar, en horas de conmemoración de Mayo, este pensamiento que valoro como un señalamiento para argentinos sobre la base de pasadas dolorosas experiencias: “Se ha falsificado la historia para que la inteligencia nacional estuviese en el Limbo, mientras operaban otras inteligencias al servicio de una política planificada, desde luego porque toda política implica un plan. Pero desde el Limbo no se puede pensar el futuro. Las naciones están en el mundo y no en el Limbo y desde el mundo – la realidad – construyen su destino. Pasado, presente y futuro son historia. La política de la historia falsificada tendió precisamente a cegarnos la visión de los fines históricos con fines ideológicos, de no dejarnos ver los nacionales para limitarnos a los que llamaron ‘institucionales’. De allí nuestros demócratas que no acatan a las mayorías, y nuestros liberales que reprimen la libertad. Se ha incorporado a nuestra educación el dogma de que la finalidad de la emancipación Argentina fue construir determinado régimen político, determinada forma institucional, y no ser lisa y escuetamente una nación donde la sustancia predomine sobre las formas. Sería demasiado grosero suprimir la nación, simplemente se le atan las manos haciendo de los instrumentos de su defensa, las redes que la aprisionan”.8

Nos enseñaron historia desde la pluma de Mitre, quien la construyó desde su relato de las figuras de Belgrano y de San Martín. Por esto, estamos acostumbrados a hablar de los crímenes de Rosas –sobre los que se escriben novelas y se hacen películas- mientras se ocultan los crímenes de Mitre y de Sarmiento. La colonización cultural entre intelectuales argentinos ha sido una constante; Sábato, por ejemplo, se conmovió por la muerte y derrotero del cadáver de Lavalle –al que le dedicó su “Romance” que musicalizó el gran Eduardo Falú- y no del fusilamiento de Dorrego atroz crimen sin sentido. Más acá en el tiempo se ha hablado de la dictadura peronista y de los abusos del peronismo y se han disimulado en cambio, cuando no se han saludado, los fusilamientos y otras atrocidades de los antiperonistas. Félix Luna –que escribió con impecable y honesta pluma “El 45”-, doy otro ejemplo, en su libro De Perón a Lanusse titula un acápite “El regreso a la democracia” y arranca en el golpe de 1955.

Los “republicanos” de hoy –aquellos de la Década Infame, de la Concordancia, de la Unión Democrática y de la fusiladora, los que dieron sus cuadros al partido militar siempre- han inaugurado en el país una oposición intolerante que despliegan en diversos frentes, entre estos el judicial y el mediático. No pueden dar un golpe clásico pero asestan todos los días zarpazos para voltear el gobierno elegido democráticamente en 2019. Curiosamente, se han acordado ahora de los jubilados, de los pobres, de los desocupados, de las Pymes, de la educación pública, de la salud pública, para arremeter contra el gobierno. ¡Formidable triunfo del peronismo que los ha hecho hablar de lo que nunca imaginaron!

Cierro estas líneas con Manuel Ugarte, baluarte del pensamiento nacional: “Sabemos que los imperialismos nos aconsejaron siempre lo contrario de lo que ellos hacían (…) Nos indujeron a contraer empréstitos en el extranjero, mientras ellos los evitaban desde los orígenes de su fundación. Fomentaron las guerras entre las antiguas colonias españolas, mientras ellos ahogaban sin réplica el primer intento divisionista. En el caso de España ocurre lo mismo. Mantienen y cultivan los lazos que los unen a sus orígenes, pero hacen cuanto es posible para aflojar los nuestros. Para ellos lo que conglomera. Para nosotros lo que disuelve. Aprendamos a hacer lo que nos favorece y no lo que nos perjudica”.

La cita que sigue, que parece escrita en y a propósito de estos días, muestra la necesidad de convocar a la memoria nacional: “La economía de nuestras naciones parece organizada por dementes, en un delirio suicida que nos llevará a la inmolación y al renunciamiento. Si a esto se llama república, democracia, libertad y civilización será porque no nos hallamos de acuerdo sobre lo que estos términos significan. A esta entrega de los recursos naturales los imperialismos de Londres y Nueva York han correspondido, como lo sostiene muy bien Scalabrini Ortiz en el diario Reconquista del 15 de noviembre de 1939, hundiendo nuestras provincias en la miseria, corrompiendo a nuestros políticos, destruyendo nuestras industrias (…) Inglaterra y Estados Unidos usufructúan y distribuyen toda la riqueza de la América Latina, controlan hasta la respiración de nuestras repúblicas ¿Esta asfixia vamos a defender? 9

1. Ley 1029 de setiembre 20 de 1880.

2. José María ROSA se refiere a ella como “La Asamblea que no declaró la Independencia” [V. Historia Argentina, 3, I, número 2, p. 16].

3. Ténganse presentes las observaciones que sobre la exactitud de estas instrucciones de ARTIGAS hace José María Rosa, quien observa que no se conoce el texto exacto de las mismas habiéndose difundido tres versiones [ob. y lug cit., p. 61]. Pero las tres tienen en común los puntos salientes que cito en el texto.

4. LOS SILENCIOS Y LAS VOCES EN AMÉRICA LATINA.

5. "La emancipación de los territorios americanos fue el resultado combinado del derrumbe de los imperios ibéricos, de la creciente presión comercial de Inglaterra, y de los factores de resentimiento y disconformidad existentes en casi todos los grupos sociales americanos hacia fines del siglo XVIII. Aunque estos últimos factores, aun siendo importantes (…) no alcanzan por sí solos a explicar el desenlace final” [Noemí Goldman, Independencia y soberanía: significados en disputa en el camino hacia la emancipación (en Independencia. 200 años - Boletín de la BCN 130, pp. 9-14)].

6. LA REVOLUCIÓN DE MAYO – Crónica Dramática En Cuatro Partes, “Escena Sesta (El pueblo y el Cabildo que sale al balcón principal)” [V. OBRAS COMPLETAS de J. B. ALBERDI, Buenos Aires, La Tribuna Nacional, 1889, Tomo I, p. 460 (454)]. La grafía es del original. Crónica “Dedicada a los revolucionarios de Río Grande” según el subtítulo inserto (1839). El editor hace constar que “El Dr. Alberdi no publicó sino dos partes de este trabajo: la segunda y la tercera, que son las que insertamos”. “La primera y cuarta no las escribió ni en su estada en Montevideo ni después de esa época” [V. OBRAS COMPLETAS de J. B. ALBERDI, Buenos Aires, La Tribuna Nacional, 1889, Tomo I, p. 401].

7. Sobre esto, puede verse LAS CONSTITUCIONES DE LA ARGENTINA (1810/1972), Tomos I y II, Recopilación, notas y estudio preliminar de Arturo E. SAMPAY, EUDEBA, Bs. As., 1975. DOCUMENTOS CONSTITUCIONALES ARGENTINOS, DE Ma. Laura SANMARTINO de DROMI, Ciudad Argentina, Madrid, 1994. Y, desde luego, la célebre obra de RAVIGNANI, ASAMBLEAS…

8. JAURECHE, “Política nacional y revisionismo histórico”, 1959.

9. UGARTE, Manuel, La reconstrucción de Hispanoamérica, así citado por Norberto Galasso en Los Hombres que Reescribieron la Historia.

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