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Diputados: Discursos de Solanas y Argumedo

Proyecto Sur fija su postura con la organización impuesta por el oficialismo (junto a la UCR, el FAP y el PRO) por acordar el sistema de ponencias.

Alcira Argumedo y Pino Solanas, diputados de Proyecto Sur.

Alcira Argumedo y Pino Solanas, diputados de Proyecto Sur.

Alcira Argumedo y Pino Solanas, diputados de Proyecto Sur.

 

Discurso de Fernando "Pino" Solanas:

Señor presidente: mis primeras palabras están dirigidas a expresar mi profundo desagrado por el mecanismo que se acordó a la mañana para esta sesión.

Mi desagrado no es sólo hacia el bloque oficialista, sino también hacia la Unión Cívica Radical, el FAP y el PRO, quienes acordaron un sistema por el cual discutiremos cinco leyes económicas en la jornada de hoy.

Se trata de la imposición de una suerte de metodología de hegemonismo: los bloques con tres o menos diputados pasaron a disponer de 10 minutos en lugar de 35. En verdad, es un mal indicio, estimados colegas, que empecemos así. Me hace acordar a las peores prácticas del menemato, y fui diputado en los años 90.

Hoy, en el ojo de la tormenta de la crisis del capitalismo global, esperábamos otra cosa. Incluso, el sábado esperábamos un llamado de la señora presidenta  a la unidad nacional de los argentinos.

La Argentina y el mundo están en peligro. A los países emergentes como nosotros nos quieren hacer pagar la deuda y la crisis brutal del capitalismo global, que hemos venido denunciando durante todos estos años. Esperábamos un gesto de grandeza, un llamado a la unidad, una convocatoria al diálogo y a la unión de fuerzas alrededor de un gran proyecto nacional, a fin de recuperar poder de decisión, disponer de energía y reconstruir nuestras estructuras.

Sin embargo, nos encontramos con la misma ley de leyes, sin ninguna corrección con respecto a la que se presentó hace varios meses. Se trata de un pobre diseño de un pobre plan político para plantarse frente a la crisis brutal que hoy vive Occidente.

Hay sólo un 12 por ciento para la inversión pública; hay 100 mil millones de pesos destinados a subsidios, pero sólo 25 mil millones a subsidios sociales, mientras que el resto se lo lleva la máquina de subsidios de las corporaciones, como consecuencia del fracaso estrepitoso de la política energética del gobierno.

No se perforó un pozo en la Argentina. Pasamos de ser un país que se autoabastecía de gas y petróleo a ser importador de esos productos. Producíamos a un dólar el millón de BTU, y pasaremos a importarlo a un costo de 16 o 17 dólares. ¿Quién lo paga? Hay 41.700 millones de pesos destinados al subsidio de la energía. ¡Tarifazo! Este es el presupuesto del cambio de rumbo. Este es el presupuesto del ajuste, y encima construido sobre la falacia de la tergiversación de las estadísticas públicas, como es la metodología empleada en el INDEC con un dibujo de inflación del 9 por ciento cuando nadie da menos del 20 por ciento.

El bloque Proyecto Sur no apoya este presupuesto y plantea que no es posible que en una Argentina con un promedio de 8.500 muertos al año por accidentes en rutas y caminos no se asuma la reconstrucción de la crisis y la emergencia del transporte, y tampoco se asuma la reconstrucción de los ferrocarriles y la recuperación de los hidrocarburos.

Nosotros decimos que la dependencia que hay en este presupuesto muestra un falso progresismo, que está claramente expresado en la subordinación al pago de la deuda externa; una deuda externa que jamás se investigó, que hubo una sentencia firme dictada por Jorge Ballesteros en la causa Alejandro Olmos que nadie apeló. Una de las verdaderas manchas que tiene este Parlamento es no haber sido capaz ni siquiera de votar una comisión investigadora.

Cuando todo el mundo cruje por sus deudas externas y las están tirando a la basura, ¿cómo se puede pensar en negociar la deuda espuria del Club de París, nacida del riñón de la dictadura? Deuda odiosa, de acuerdo a la jurisprudencia norteamericana que estableció William Taft y que pusieron en funcionamiento en Irak para no pagar la deuda de Saddam Hussein.

Entonces, cuando se destina el 8,9 por ciento de este presupuesto al pago de intereses de la deuda y se van a refinanciar además 55 mil millones de pesos, no se puede hablar de refinanciación ni se puede hablar de no estar con las corporaciones, cuando por la mayor parte de las corporaciones y los agroalimentarios -con la estafa de los commodities- en la Argentina se paga el arroz al mismo precio que en Italia que lo importa de la Argentina. Esa es la historia del commodity.

Entonces, no vamos a apoyar esta iniciativa.

Vamos a apoyar la prórroga de la ley del cheque porque no queremos desfinanciar al Estado. Pero es una vergüenza que en la Argentina se siga pateando para adelante una profunda reforma fiscal. Hay que convocar a todos los sectores de la producción y el trabajo a un Consejo Económico y Social para establecer en cuatro o seis meses una salida gradual de este sistema regresivo y hacerlo positivo, para que se cobre impuesto a la renta sobre el patrimonio, sobre la tierra, y de una manera diferente sobre las ganancias. El conservador Rodolfo Moreno a  comienzos de los años 40 estableció un impuesto al latifundio.

Entonces, aquí no hay voluntad de recaudar rentas extraordinarias ni de establecer retenciones a la minería ni de exigir a las compañías mineras refinar en la Argentina para saber qué exportamos. El sistema se hace por declaración jurada. Es una verdadera payasada que da vergüenza.

Entonces, este presupuesto está mucho más cerca de la concepción de un país bananero, dependiente y neocolonial que de un país que quiere aprovechar la crisis mundial para zafar, como hizo Perón cuando aprovechó la  crisis de 1945 para nacionalizar el Banco Central, los depósitos, hacer una gran reforma impositiva y recuperar las empresas de servicios.

¡Constitución de 1949! ¡Honor y gloria a Arturo Sampay! (Aplausos.)

 

Discurso de Alcira Argumedo:

Señor presidente: continuando con el discurso de mi compañero de bloque quiero decir que el tema de los subsidios es especialmente escandaloso, y expreso esto no para aprovechar una crítica sino por propias declaraciones del oficialismo.

Entre 2005 y 2007 el monto destinado a subsidios creció de 3.748 millones de pesos a 75.925 millones. Pasamos de 790 millones de dólares a 17.400 millones de dólares, en seis años; es decir, un crecimiento del 2.100 por ciento. Ello no sería grave si los subsidios estuviesen bien distribuidos.

Por ejemplo, a fin de darnos cuenta de la situación, se nos reconoce que se otorgaron 4.800 millones de pesos en concepto de subsidios a bancos, hipódromos, casinos, aeropuertos, petroleras, etcétera, lo cual representa 1.000 millones de dólares por año. Estos sectores tienen nombre y apellido: Cristóbal López, Eurnekian, Repsol, Barrick Gold, Citibank, etcétera, que no son los más desfavorecidos de la sociedad.

Sólo con lo que en cinco años se dio a esos sectores se podrían haber reconstruido entre 18.000 y 20.000 kilómetros de ferrocarriles, con producción propia de locomotoras, vagones e instrumental necesario, creando así decenas de miles de puestos de trabajo legítimos, tanto en el sector ferroviario como en las industrias proveedoras. Además, hubiésemos podido recuperar los pueblos fantasmas y las economías regionales.

Ese solo elemento, sobre la base de los datos que da el oficialismo acerca de lo que hizo con los subsidios, constituye el fundamento para que no apoyemos el presupuesto en debate. Muchas veces un fuerte respaldo popular no garantiza que quienes lo tienen actúen correctamente. Para ello, veamos la acción de los representantes del pueblo en los años 90, que con un 50 por ciento de apoyo a Menem y un similar porcentaje en su reelección, destruyeron este país. Cuidado con eso. 

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