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El tren y el petróleo público

El autor señala que "un país de 4000 km de extensión de base agrícola sin trenes ni petróleo propio no es viable".

El autor señala que "un país de 4000 km de extensión de base agrícola sin trenes ni petróleo propio no es viable".

Pedro Peretti

Pedro Peretti

"La escasez de combustible también golpea fuertemente al campo", explica un relevamiento llevado a cabo por la Sociedad Rural Argentina (SRA) recientemente. En diálogo con los productores, La Nacion comprobó esta realidad: "Se está preparando la tierra para sembrar arroz, la falta de combustible afecta además la recolección del sorgo y del maíz, el transporte de granos, entre otras cosas?"
Felix Sammartino, en un interesante artículo titulado "Jaque a los gigantes del engorde a corral" , publicado en estas páginas el sábado pasado, cuenta la experiencia de un grupo de productores de viaje por Texas, donde marca tres aspectos esenciales. Dice: "Impresiona la infraestructura, se les envidia el tren". Luego, que los ciudadanos estadounidenses están preocupados por las posibles medidas regulatorias del gobierno demócrata (además de las que ya existen) y en tercer lugar, muestran interés por las prevenciones y preocupaciones ambientales. Me pregunto: ¿dónde estará ese mundo agrario sin regulaciones ni Estado por el que suspiran tantos dirigentes rurales argentinos? Parece que en los Estados Unidos, no.
Vayamos al grano sobre dos temas: los trenes y el petróleo, dos joyas de la abuela que los argentinos dilapidamos en los años noventa. Me parece estar escuchando a encumbrados dirigentes de aquella época clamando vehementemente por privatizarlo todo. Hoy el tren no existe, lo envidiamos de los EE.UU., donde es deficitario, como en Europa y en Japón. Y el petróleo y el gas, lo importamos. El ex secretario de Energía Jorge Lapeña dijo recientemente que "las empresas que compraron YPF no lograron una performance exitosa como la que mostraba la empresa estatal". Ahora vamos a firmar un convenio por 20 años con Qatar por más de 50.000 millones de dólares y la única estrategia gubernamental visible fue que Eskenazi comprara el 14,9% de las acciones, poniendo sólo el 10% en efectivo y el resto con un increíble crédito de Repsol.
Al tren lo descuartizamos, regalamos y encima seguimos poniendo del erario tres millones de dólares por día más otros subsidios (gasoil, inversiones ferroviarias, etc). Un país de 4000 km de extensión de base agrícola sin trenes ni petróleo propio no es viable, y sin Estado tampoco?
Hoy añoramos, lamentamos y nos quejamos por los bienes públicos que no supimos mantener, lo que pone al descubierto nuestra falta de mirada estratégica sobre las necesidades productivas del país. Una paradoja de la historia, esta contradicción entre los que abrazaron y ejecutaron las políticas neoliberales de entonces y los intereses reales agrarios que se pretende defender. Pasados ya más de veinte años, todos vemos y sufrimos las consecuencias de semejantes dislates. Petróleo y trenes son instrumentos vitales para la producción en general, y la agraria en particular. Quien los maneje y oriente va a hacer caer la ficha para un lado o para el otro. ¿O el tren en manos de Urquía no es una gran ventaja competitiva, cuando arrienda campos en detrimento de los auténticos productores?
Tarifas y precios sobre bienes y productos estratégicos; no es lo mismo fijarlos sobre bienes públicos que sobre bienes privados, nunca es neutro. Y como vemos, una mala decisión trae aparejada una política equivocada y las consecuencias las sufrimos por varias generaciones, a través de la destrucción de miles de puestos de trabajo, del despoblamiento de pueblos del interior e implicó cien mil productores menos.
¿En qué pensaba la dirigencia rural de entonces, seducida por las privatizaciones? Lo mismo que piensa una parte de la dirigencia actual. Una mirada de corto plazo, infectada de ideología "bien pensante", "comprada al FMI y al Banco Mundial" (como decía Jauretche, "van a comprar al almacén con el libro escrito por el almacenero") y que pone sobre los intereses del sector una mirada ajena, desprovista de sentido común, que no atiende al bolsillo de los productores, ni de la Nación; sólo ve ideología donde debe ver intereses.

(*) El autor es director de la Federación Agraria Argentina

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