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Homenaje a Arturo Sampay

Será el lunes 14 de noviembre. 17 hs en el Congreso (Salón Pasos Perdidos).

Homenaje a Arturo Sampay.

Homenaje a Arturo Sampay.

Homenaje a Arturo Sampay.

 

La Comisión de Homenaje a ARTURO SAMPAY y el Diputado de la Nación Fernando Solanas  invitan a Ud. al  acto que en su memoria  se realizara el día lunes 14 de noviembre a las 17 horas en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación.

Biografía:

Arturo Sampay nació en Concordia, el 28 de julio de 1911, realizó estudios secundarios en el histórico Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, y los universitarios en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, donde se recibió de abogado en 1932, y de la que fue Profesor de Derecho Político.

Al finalizar su carrera viajó a Europa, donde completó estudios de derecho público con Dietrich Schindler en Zurich, tomó clases de filosofía del derecho en Milán con Monseñor Olgiati, participando en un curso sobre los orígenes del capitalismo que dictara el célebre político italiano Amintore Fanfani. Asistió en Paris a las clases que dictaba Louis Le Fur en la Sorbona, y a las del filósofo católico Jacques Maritain.

En 1933 produjo su primer trabajo sobre la Constitución de la Provincia de Entre Ríos, que resultaba un importante avance respecto a las viejas constituciones provinciales y aún sobre la nacional que regía en ese momento. La edición de esa obra en 1936 fue prologada por el jurista Faustino Legón, que destacó los meritos de una obra con la que Sampay comenzaba su análisis profundo del derecho constitucional y sus necesarias implicancias políticas.

Viviendo en la ciudad de La Plata, fue designado Fiscal de Estado en 1946, durante la gobernación del Coronel Domingo Mercante, y en 1949 fue elegido convencional constituyente de la Convención que sancionó el nuevo texto constitucional, siendo miembro informante de la mayoría y uno de los principalesredactores de la nueva Constitución. Esa ley fundamental, derogada de un plumazo en abril de 1956, significaba un avance singular sobre la normativa vigente hasta entonces, sustituyendo los viejos principios del liberalismo decimonónico, por nuevos conceptos políticos, económicos y sociales que promoverían  las sustanciales reformas que el país necesitaba.

 

En su último trabajo, que llamó “Constitución y Pueblo”, Sampay explicó cuales fueron las directrices sobre las que se trabajó para tener una Constitución acorde con definidos conceptos de participación social, eliminando elitismos que sirvieron para configurar fraudes constantes a la voluntad popular.

Además de los objetivos sociales que superaban antiguas ideas individualistas, en esa Constitución, de la que fue como un padre, se determinó la protección de los recursos naturales a través del artículo 40, que protegía los bienes públicos de cualquier actitud depredadora, como las que se verían varias décadas después.

Ciertas intolerancias políticas internas y algunas diferencias con Perón lo llevaron a exiliarse en Montevideo para tomar distancia de actitudes injustas que su espíritu no podía aceptar. Su exilio continuó hasta 1958, regresando al país para continuar su prolífica labor intelectual y docente.

En 1970, se incorporó al Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), del que fue Presidente, siendo Director de la revista Realidad Económica desde su fundación hasta su muerte.

Con la llegada del peronismo al poder en 1973, Sampay volvió a obtener su cátedra universitaria, siguiendo con sus investigaciones en el campo del derecho, y la preocupación constante por el constitucionalismo social.  Falleció en Buenos Aires el 1 de febrero de 1987.

Arturo Sampay no redujo su trabajo a  especulaciones jurídicas o a teorizaciones sobre el campo del derecho, del que era un importante especialista, sino que fue de lleno a mostrar las implicaciones políticas de los sistemas jurídicos que regían en la República, analizando con rigor histórico el derecho liberal burgués y las inevitables consecuencias de su aplicación. Su análisis de la Constitución de 1853 mostraba la vinculación de ésta con la realidad social vigente en esos tiempos y la idea de país que tenían los constituyentes de ese entonces.

Escribió una gran cantidad de notas, artículos, folletos y cuatro obras monumentales, que resultan un  aporte de notable significación jurídica, política y social: La crisis del estado de derecho liberal-burgués; La filosofía del iluminismo y la Constitución argentina de 1853; el informe de la Comisión revisora de la Constitución en 1949, e Introducción a la Teoría del Estado en 1951.

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Cuando su exilio en Montevideo, fue asesor político del caudillo oriental Luis Alberto de Herrera, en 1970 dictó conferencias en Chile y en 1971 ese país dictó una Constitución que contenía normas inspiradas en su pensamiento.

Obras suyas, traducidas al francés fueron entregadas por el General Charles de Gaulle a sus asesores para que se nutrieran de las ideas que él quería para reformar las instituciones de Francia, y uno de los más notables juristas de ese país, André Hauriou, profesor de la Universidad de París, sostuvo que la obra de Sampay tenía la jerarquía intelectual y académica de autores del relieve de Hans Kelsen y George Jellineck.

Sampay fue un pensador nacional, entendiendo como tal al que ha contribuido a generar ideas y explicitar rasgos que constituyen el fenómeno de “lo nacional argentino y/o iberoamericano” como señalara el filosofo Alberto Buela. Ello lo llevó, sin dejar el campo del derecho, a bucear en las profundidades del pensamiento político para encontrar las vinculaciones necesarias entre la realidad social y las leyes dictadas en ese contexto. No solo fue un jurista eminente,  el pensador más relevante de nuestra ciencia política, sino un argentino ejemplar que si bien analizó con rigor el pasado argentino y sus instituciones jurídicas, vio con claridad el futuro, observó la necesidad de preservar las fuentes de riqueza y tuvo muy en claro como se debía democratizar la democracia, dejando las formalidades vacías de los enunciados teóricos, para hacerla el sustento real de un país distinto.

En los claustros universitarios de América y Europa es conocida y valorada su obra, pero en nuestro país se ha intentado silenciarlo desde siempre, dejando su memoria en un olvido injusto que es necesario reparar.

 

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