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Jorge Selser: “El dengue es una enfermedad de la política”

"Parece que no hay nada aprendido desde la epidemia de 2009, con al menos 27 mil casos registrados y ocho muertes”, dice Jorge Selser, médico referente de Proyecto Sur y ex legislador porteño. Por Agustina López Oribe.

El jefe de gobierno porteño, Horacio Rodriguez Larreta recorrió en persona la Comuna 5 para acercar a los vecinos un folleto explicativo para evitar la propagación del dengue.

Por otro lado, el Ministerio de Salud de la Nación envío a las provincias del norte insumos para atacar al mosquito que porta el virus y ya se declaró en estado de epidemia nuestro país.

Se ponen de moda las instrucciones: mantener los elementos últiles en desuso boca abajo (baldes, tachos), tapar todos los recipientes que contengan agua, cambiar diariamente el agua de los floreros y bebederos de animales. Pero, “parece que no hay nada aprendido desde la epidemia de 2009, con al menos 27 mil casos registrados y ocho muertes”, dice Jorge Selser, médico referente de Proyecto Sur y ex legislador porteño. Además, afirma que los argentinos estamos acostumbrados a ir detrás de la aparición de casos y la respuesta estatal es trasladar a la población la responsabilidad de esos casos autóctonos. “Nuevamente, la víctima es la responsable”, reflexiona Selser.

Otra forma de accionar del Estado es la respuesta química: fumigar, “lo que tiene más efectos mediáticos que sanitarios, como es el caso del conurbano bonaerense, donde al menos hay cuatrocientos basurales a cielo abierto y en la Ciudad, una decena”, dice el referente de Proyecto Sur.

Para resolver esta problemática se debe hacer prevención. Jorge Selser afirma que “colocar ovo-trampas o medir la concentración del mosquito son actividades indispensables para anticipar cualquier decisión sanitaria con intenciones serias”.

El actual vicejefe de Gobierno de CABA, Diego Santilli, en 2010, hacía referencia a la colocación de más de 210 ovo-trampas importadas de Estados Unidos a dos mil pesos cada una: “este novedoso sistema nos posiciona a la vanguardia en la lucha contra el dengue y los mosquitos que lo transmiten. Es un paso más en la búsqueda de soluciones alternativas y se suma a todo lo que venimos haciendo para llevar tranquilidad a los vecinos”. Pero Selser comenta que “en esa época, Proyecto Sur criticó la medida porque resultaba absurda y altamente costosa, debido a que las trampas confeccionadas en el Instituto Pasteur eran de un costo infinitamente menos y de igual resultado. Quedó demostrado, una vez más, que los negocios y la ignorancia no controlan la epidemia”.

Selser agrega: “No solo hay que tener en cuenta la prevención sanitaria, sino que se deben sumar otros factores de riesgo como los más de 15 millones de argentinos sin cloacas y con falta de acceso al agua potable; actividades industriales sin control y uso de plaguicidas de manera indiscriminada; temas irresueltos en nuestro país, más allá de cualquier discurso político que diga lo contrario. Las condiciones sociales solo muestran cuáles son los sectores que aportan enfermos y muertos por estas enfermedades, de allí el error de definir a este mal como patrimonio de la pobreza. Es, en realidad, una enfermedad de la política porque ante la existencia y disponibilidad de las tecnologías y recursos necesarios, es la política en su inacción, incapacidad y torpeza la que perpetúa año a año los costos humanos, sanitarios y sociales”.

Hay antecedentes en Argentina de erradicación del dengue. María Stein, responsable del área de Entomología del Instituto de Medicina Regional del Nordeste consideró posible eliminar el vector durante las décadas del 50 y 60. Hubo campañas a nivel continental y Argentina, junto con otros países, se declararon libres de Aedes aegypti (término científico del mosquito transmisor del dengue). “Esto demuestra que no existe voluntad política para su solución, o lo que es aún peor, capacidad política para resolver los problemas de nuestra gente. Debe trabajarse intensamente en la cooperación internacional Sur-Sur, con una fuerte impronta de participación comunitaria. Aceptar nuestras diferencias culturales y resolver las distancias que esto origine. Debemos evitar limitarnos en lo asistencial y abordar estos problemas de salud desde las necesidades de nuestras poblaciones con una mirada marcadamente preventiva. Esto es posible”, concluye Selser.

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