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La degradación institucional y el retrato de Dorian Gray

El maltrato de las instituciones por parte de os dos gobiernoes, el Nacional y el de la Ciudad. Escribe: el referente de Proyecto Sur, Julio Raffo.

La degradación institucional y Dorian Gray, por Julio Raffo.

La degradación institucional y Dorian Gray, por Julio Raffo.

La degradación institucional y Dorian Gray, por Julio Raffo.

Hay un alarmante maltrato hacia las instituciones por parte de los Gobiernos Nacional y de la Ciudad. El primero ha vuelto a mostrar su peor rostro en la desobediencia a decisiones de la Corte, la invasión de la Gendarmería a una empresa privada sin orden de allanamiento y la aprobación de leyes significativas, como la que criminaliza la protesta social bajo la excusa del combate al terrorismo y la que auspicia la extranjerización de tierras bajo el disfraz de la defensa de lo nacional, cumpliendo con las formas del ritual parlamentario, pero imponiendo con prepotencia el peso de sus “levanta manos” en dos sesiones “express” que causan, a la vez, vergüenza y sobresalto.
En la Ciudad, esa degradación se ha hecho presente mediante el veto generalizado de las leyes que no satisfacen a la voluntad del Ejecutivo (aún las que fueron votadas por sus propios legisladores) o a la hora de votar la designación de los representantes de la Legislatura en el Consejo de la Magistratura y en la Auditoría de la Ciudad. En estos casos se aplicó, sin pudor, el principio “si tu me votas los míos yo te voto los tuyos” y así “nos repartimos todo”.
En oportunidad de la elección de los representantes para integrar el Consejo, el Bloque de Legisladores de Proyecto Sur era el segundo bloque parlamentario después del oficialismo y, por ello, nos correspondía la designación de uno de los Consejeros. Propusimos para el cargo a un prestigioso jurista, quien no integra nuestras filas partidarias, pero su trayectoria como profesor de Derecho Constitucional en la UBA, su condición de Presidente de la Asociación Americana de Juristas y de ex consejero en el Consejo de la Magistratura de la Nación, así como su destacada actividad profesional en el ámbito de los DD.HH., eran una garantía de su idoneidad y de su vocación por sanear el funcionamiento de aquel cuerpo.
En la hora de la decisión los legisladores “makristas” resolvieron ignorarnos y brindarle el lugar que nos correspondía al presidente del PJ porteño, en una decisión que expresaba una comunidad de intereses de todo tipo y a la cual se sumaron, con llamativa ductilidad, otros legisladores de una “oposición” que, casi de inmediato, obtuvo algunos beneficios significativos . En efecto, en la sesión siguiente se creó un relevante cargo de “Consejero Académico” y, también en la misma sesión, cuando la norma y el cargo aún no existían jurídicamente, se designó para ejercerlo a una diputada saliente –también de oposición- que había contribuido con su voto a la consumación de aquel atropello institucional.
Justo en ese momento el Pro acordaba con los “K” dar por bueno, en el Consejo de la Magistratura de la Nación, el irregular Concurso Nº 140,en un trueque de “gentilezas” que les garantizaba, a ambos, jueces amigables en la hora de enfrentar causas penales incómodas.
Es por ello que, cuando el Gobierno Nacional invoca la libertad de prensa para imponer con prepotencia una ley dirigida contra una empresa, y el Gobierno de la Ciudad declama su vocación por el respeto institucional, a ambos les sucede lo que le pasaba al retrato de Dorian Gray cuando este proclamaba sus buenas intenciones: a los rasgos propios de la degradación moral se le añadían los inequívocos signos de la hipocresía.

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