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Proyecto Sur propone el "Año de Homenaje a Arturo Sampay"

Fundamentos de la propuesta del Bloque de diputados de Proyecto Sur para homenajear al gran constitucionalista argentino.

Proyecto Sur propone el "Año de Homenaje a Arturo Sampay".

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Proyecto Sur propone el "Año de Homenaje a Arturo Sampay".

 

 

 

El Senado y la Cámara de Diputados sancionan con fuerza de Ley.

ARTICULADO

Artículo 1.- Declarase al año 2011 como el "Año de homenaje a Arturo Sampay"

Artículo 2.- Se dispone que a partir de la sanción de la presente Ley, en toda la papelería oficial a ser utilizada por la Administración Pública Nacional, centralizada y descentralizada, llevará en el ángulo superior derecho un sello que indique "Año de homenaje a Arturo Sampay".

Artículo 3.- El Congreso de la Nación, y el Poder Ejecutivo Nacional auspiciarán la realización de actividades como: seminarios, talleres, conferencias, programas culturales y educativos, y la difusión de publicaciones que hagan referencia a la obra del homenajeado y difundan su pensamiento.

Artículo 4.- El Congreso de la Nación, ordenará por las vías correspondientes la impresión de las obras completas de Arturo Sampay.

Articulo 5.- De forma

FUNDAMENTOS

Señor presidente:

Nuestro país siempre se ha caracterizado por realizar homenajes a ciertas figuras a quienes se les ha atribuido -con razón o sin ella- distintos merecimientos, y es así que los archivos guardan constancia de muchos homenajes prescindibles, y las calles de nuestra ciudad y de otras ciudades del país, tienen nombres de personas que por algún motivo han merecido la distinción de integrar la nomenclatura urbana.

Entre aquellas personalidades que han contribuido grandemente a la cultura nacional y al pensamiento jurídico universal, se distingue con méritos muy personales Arturo Enrique Sampay, que, salvo un reducido grupo de especialistas que cultivan la ciencia del derecho y algún otro memorioso de las jornadas que llevaron a la reforma constitucional de 1949, hoy nadie recuerda, integrando una lista de personajes injustamente olvidados.

Arturo Sampay nació en Concordia, el 28 de julio de 1911, realizó estudios secundarios en el histórico Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, y los universitarios en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, donde se recibió de abogado en 1932, y de la que fue Profesor de Derecho Político.

Al finalizar su carrera viajó a Europa, donde completó estudios de derecho público con Dietrich Schindler en Zurich, tomó clases de filosofía del derecho en Milán con Monseñor Olgiati, participando en un curso sobre los orígenes del capitalismo que dictara el célebre político italiano Amintore Fanfani. Asistió en Paris a las clases que dictaba Louis Le Fur en la Sorbona, y a las del filósofo católico Jacques Maritain.

En 1933 produjo su primer trabajo sobre la Constitución de la Provincia de Entre Ríos, que resultaba un importante avance respecto a las viejas constituciones provinciales y aún sobre la nacional que regía en ese momento. La edición de esa obra en 1936 fue prologada por el jurista Faustino Legón, que destacó los meritos de una obra con la que Sampay comenzaba su análisis profundo del derecho constitucional y sus necesarias implicancias políticas.

Viviendo en la ciudad de La Plata, fue designado Fiscal de Estado en 1946, durante la gobernación del Coronel Domingo Mercante, y en 1949 fue elegido convencional constituyente de la Convención que sancionó el nuevo texto constitucional, siendo miembro informante de la mayoría y uno de los principales

redactores de la nueva Constitución. Esa ley fundamental, derogada de un plumazo en abril de 1956, significaba un avance singular sobre la normativa vigente hasta entonces, sustituyendo los viejos principios del liberalismo decimonónico, por nuevos conceptos políticos, económicos y sociales que promoverían las sustanciales reformas que el país necesitaba.

En su último trabajo, que llamó "Constitución y Pueblo", Sampay explicó cuales fueron las directrices sobre las que se trabajó para tener una Constitución acorde con definidos conceptos de participación social, eliminando elitismos que sirvieron para configurar fraudes constantes a la voluntad popular.

Además de los objetivos sociales que superaban antiguas ideas individualistas, en esa Constitución, de la que fue como un padre, se determinó la protección de los recursos naturales a través del artículo 40, que protegía los bienes públicos de cualquier actitud depredadora, como las que se verían varias décadas después.

Ciertas intolerancias políticas internas y algunas diferencias con Perón lo llevaron a exiliarse en Montevideo para tomar distancia de actitudes injustas que su espíritu no podía aceptar. Su exilio continuó hasta 1958, regresando al país para continuar su prolífica labor intelectual y docente.

En 1970, se incorporó al Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), del que fue Presidente, siendo Director de la revista Realidad Económica desde su fundación hasta su muerte.

Con la llegada del peronismo al poder en 1973, Sampay volvió a obtener su cátedra universitaria, siguiendo con sus investigaciones en el campo del derecho, y la preocupación constante por el constitucionalismo social. Falleció en Buenos Aires el 1 de febrero de 1987.

Arturo Sampay no redujo su trabajo a especulaciones jurídicas o a teorizaciones sobre el campo del derecho, del que era un importante especialista, sino que fue de lleno a mostrar las implicaciones políticas de los sistemas jurídicos que regían en la República, analizando con rigor histórico el derecho liberal burgués y las inevitables consecuencias de su aplicación. Su análisis de la Constitución de 1853 mostraba la vinculación de ésta con la realidad social vigente en esos tiempos y la idea de país que tenían los constituyentes de ese entonces.

Escribió una gran cantidad de notas, artículos, folletos y cuatro obras monumentales, que resultan un aporte de notable significación jurídica, política y social: La crisis del estado de derecho liberal- burgués; La filosofía del iluminismo y la Constitución argentina de 1853; el informe de la Comisión revisora de la Constitución en 1949, e Introducción a la Teoría del Estado en 1951.

En 1973, escribió su último libro "Constitución y pueblo" que ya citáramos, donde recogió diversos trabajos ya publicados, acompañándolos de nuevas reflexiones sobre la participación popular en las decisiones soberanas del país, mostrando la necesidad de alejarse del pensamiento convencional para crear nuevas formas que llevaran a una democracia participativa y no formal.

Sería demasiado extenso indicar la influencia de Sampay en el pensamiento jurídico, analizar su notable producción y esa forma de penetrar sagazmente en la vida histórica de nuestros países latinoamericanos. Creemos que su influencia en la Constitución de 1949 es más que suficiente para mostrar cual era su concepción de lo que debe ser la Ley Fundamental de un pueblo soberano.

Cuando su exilio en Montevideo, fue asesor político del caudillo oriental Luis Alberto de Herrera, en 1970 dictó conferencias en Chile y en 1971 ese país dictó una Constitución que contenía normas inspiradas en su pensamiento.

Obras suyas, traducidas al francés fueron entregadas por el General Charles de Gaulle a sus asesores para que se nutrieran de las ideas que él quería para reformar las instituciones de Francia, y uno de los más notables juristas de ese país, André Hauriou, profesor de la Universidad de París, sostuvo que la obra de Sampay tenía la jerarquía intelectual y académica de autores del relieve de Hans Kelsen y George Jellineck.

Sampay fue un pensador nacional, entendiendo como tal al que ha contribuido a generar ideas y explicitar rasgos que constituyen el fenómeno de "lo nacional argentino y/o iberoamericano" como señalara el filosofo Alberto Buela. Ello lo llevó, sin dejar el campo del derecho, a bucear en las profundidades del pensamiento político para encontrar las vinculaciones necesarias entre la realidad social y las leyes dictadas en ese contexto. No solo fue un jurista eminente, el pensador más relevante de nuestra ciencia política, sino un argentino ejemplar que si bien analizó con rigor el pasado argentino y sus instituciones jurídicas, vio con claridad el futuro, observó la necesidad de preservar las fuentes de riqueza y tuvo muy en claro como se debía democratizar la democracia, dejando las formalidades vacías de los enunciados teóricos, para hacerla el sustento real de un país distinto.

En los claustros universitarios de América y Europa es conocida y valorada su obra, pero en nuestro país se ha intentado silenciarlo desde siempre, dejando su memoria en un olvido injusto que es necesario reparar.

Es por lo expuesto que solicito a los señores diputados que acompañen la aprobación del presente proyecto.

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