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Festival de Cannes: Solanas a 50 años de "La hora de los hornos"

A los 82 años, y a medio siglo se haber estrenado La hora de los hornos, Fernando "Pino" Solanas está en el Festival de Cannes. Acaba de presentar la primera parte de su mítico documental codirigido con Octavio Getino. Y en pocas semanas se verá en la Sala Lugones, en el Teatro San Martín.

La importancia que tuvo en su momento el filme -que, completo, supera las cuatro horas de metraje-, su exhibición clandestina en nuestro país y que se cumplan 50 años motivó que el Festival -donde ganó como mejor director por Sur- lo invitara a integrar la sección Cannes Classics.

Antes, el director de Tangos, el exilio de Gardel habló con Clarín.

-¿Qué recuerdos tenés del rodaje de “La hora de los hornos”?

-Uh… Una montaña. La experiencia del rodaje a las escondidas rayan lo épico y lo ridículo. Todo, filmar a las escondidas… La única moviola de 16 mm en la Argentina estaba en Alex, pero a las 9 de la mañana entraba la gente del Servicio de Informaciones del Ejército, entonces montábamos con Antonito Ripoll de 4 de la mañana a 8 y media, y parábamos media hora para recoger todos los fotogramas. Cortábamos a Gillette…

Solanas, que se mostró en la première de Dogman, de Matteo Garrone, junto a su mujer, Angela Correa, sigue con entusiasmo. “Era un proyecto más que gasolero. Llevé 175 latas a Roma… La película duraba 4 horas y 10 minutos, tenía 10, 12 bandas de sonido. En el Festival de Pessaro fue un boom, yo regresé con una copia porque la película no tenía nacionalidad. Del aeropuerto fui directo al Instituto de Cine. La cara que pusieron en la Mesa de entradas, cuando puse las latas sobre el mostrador, y para pedir una entrevista con el coronel Ridruejo, interventor del INC.

-¿Cuándo fue?

-A mediados de agosto del ‘68. De ahí me fui a los diarios, yo creía que iba preso. Había 1.500 presos en ese momento. Y la película estaba dedicada al Che Guevara, a los trabajadores peronistas… Se pudo terminar por dos razones. Una, la monté y la trabajé sin ventilarla en secreto, y para terminarla, para hacer la regrabación, dije que estaba con una serie para la TV europea que se llamaba Argentina 67, y que por eso filmaba en 16 mm.

Solanas la presentó en el Festival de Pessaro, “donde se veía toda la vanguardia de la época. Hice en los 60 días finales la sonorización y la regrabación en el Instituto Lucce. Y en el Festival de Pessaro, se daban las nuevas realizaciones de Jancsó, Mészáros, Kramer, Memorias del subdesarrollo, de Gutiérrez Alea. La casa de (Fernando) Birri era la casa obligada de paso de los latinoamericanos que pasaban por Roma. El día de la proyección nos sacaron en andas a (Osvaldo) Getino, el codirector, y a mí. Esa proyección, el domingo 2 de junio, a 10 días de haber terminado el Festival de Cannes, fue memorable. El movimiento estudiantil francés y la juventud puso en cuestionamiento a Cannes, en el Mayo del ‘68. En Pessaro había mucho debate. Esas épocas ya pasaron, eso fue una verdadera vanguardia. A la salida, la represión se llevó puestos a varios directores de cine. Nosotros ganamos el único premio que se otorgaba, que era el que daba la prensa (Fipresci) y nos llovieron invitaciones de todas partes.

La hora de los hornos ya tiene invitaciones a otros doce festivales.

POR Prensa


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