Menú
Firmá el petitorio para que Aranguren renuncie a su cargo #chauaranguren Sumá tu firma! »
Campaña electoral

Las falacias del escriba

31/05/2011

Las afirmaciones de Eduardo Aliverti, vocero del kirchnerismo intelectual, sobre la oposición la oficialismo.


Eduardo Aliverti

La comodidad de los escribas oficialistas, apoltronados en privilegios a estas alturas propios de una “casta” sacerdotal, tan fundamentalista cuanto incapaz de asumir ningún tipo de críticas al gobierno nacional, a su peligroso y falaz concepto de “crecimiento”, sigue exacerbada en la miopía de quien no ve más allá de la corriente a favor de la que nada.

La hipocresía y el deseo impúdico de desinformar a la ciudadanía no tienen límites. Con la clásica y a estas alturas hipnótica cantinela K, Eduardo Aliverti, refiriéndose a la oposición como un “todo” (primera falacia), argumenta que “el kirchnerismo los corre por izquierda dentro de los marcos que el sistema impone”. Sí, “que el sistema impone”. Tímido argumento para justificar la desnutrición infantil, el desprecio por la ética pública y las instituciones de la democracia, la depredación de los recursos estratégicos del país, la escasísima evolución creadora de nuestras industrias, el avance de la soja, la catastrófica destrucción del bosque nativo, la persecución de los Pueblos Originarios, a Insfrán, Menem, Gioja, los feudos del Conurbano, etc.

Según Aliverti, quienes reclaman desde “fuera del sistema” por esos dramas nacionales “se convierten en un absurdo”. Un absurdo, inferimos, es reclamar por la recuperación de los hidrocarburos y la prohibición de la megaminería contaminante; un absurdo, creerá el escriba hipócrita, es pedir justicia contra el delito organizado y las mafias de la trata y el narcotráfico enquistadas en el aparato del Estado; un absurdo es clamar, mientras en nuestro país hay cientos de miles de niños desnutridos, que el hambre es un crímen. Todo esto, según el mago Aliverti, no es más que un absurdo.

Pero lo peor y más abominable del “kirchnerismo intelectual” es que su presunta pulcritud no es un producto propio, sino, antes bien, una creación de los otros, un antagonismo impostado. Algunas medidas loables, que sin embargo son en su mayor parte paliativos de corto plazo, han refrendado esas posiciones “progresistas”. En términos ideológicos, el kircherismo es una creación muy calculada, instrumentada con la inteligencia y la estética del más alto cinismo: mientras se opone discursivamente a lo “peor” (la dictadura, el “Grupo A”, las Corporaciones, los años 90), el oficialismo se sitúa automáticamente en lo presuntamente “mejor”. Lo cual, en verdad, dista mucho de ser cierto, pues el kircherismo mantiene la legislación de la dictadura (ley de entidades financieras) y del menemato (concesiones en petróleo, minería, transporte, etc.), y sigue pagando deuda ilegítima inventada por ambos gobiernos.

En fin, la “virtud” del kirchnerismo, si es que puede denominársela así, ha consistido en poco más que en buscar los enemigos adecuados. Los “mejores” enemigos. Enemigos tanto políticos como simbólicos que aun duelen en la memoria de los argentinos, pero que en ningún caso indican las bondades de quien “dice” enfrentarse a ellos.