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Memorable discurso de Pino Solanas por la Ley IVE

Sobre el final del debate el senador de Proyecto Sur se hizo eco de toda una generación y de los años de lucha por parte del movimiento de mujeres por ampliación de derechos.

En una jornada histórica, sobre el final de el debate por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Senado el senador nacional Fernando "Pino" Solanas irrumpió con un memorable discurso al manifestar su posición. Fue tanta la repercusión generada en redes sociales generada por las palabras del senador de Proyecto Sur que terminó alcanzando la segunda tendencia a nivel mundial, en el ranking de Twitter. 

Mirá el discurso completo:

Gracias, señora presidenta.
Antes de comenzar a desarrollar el tema –porque esta es una noche histórica, para bien y para mal, por supuesto– debo expresarle, señora presidenta, por el respeto que le tengo, mi sorpresa y disgusto por la falta de amplitud y la descortesía que la conducción de este cuerpo tuvo para un personaje histórico de los argentinos, que no es igual que cualquier otro.
Hace unas horas recibí la visita, en silla de ruedas –y venía bajo la lluvia– de la entrañable Nora Cortiñas. Quería estar presente en este debate histórico. Yo acudí a su estrado, señora presidenta, porque se le negaba acceso. Eran tan estrictas las normas que le pedí una excepción a la regla, porque no es igual Nora Cortiñas a los demás ciudadanos, porque carga el capital simbólico de una tragedia argentina.
La señora presidenta me dijo “No, yo he comprometido mi palabra con que las normas eran estas, no las puedo violar”. Nora estaba dispuesta a ir hasta el primer piso; la llevábamos en andas porque estaba en silla de ruedas.
Me parece lamentable que en épocas de democracia…

Sra. Presidente.- Senador, pero diga también la verdad completa. Yo la fui a recibir, la saludé, estuve con ella, charlé como cinco, diez minutos. No es que no tuve ningún contacto con…

Sr. Solanas.- Pero qué bueno, señora presidenta, que al menos conversó con ella…

Sra. Presidente.- El tema era que dentro del recinto tengo que ser ecuánime con todos.

Sr. Solanas.- No, pero compréndame, señora presidenta, no coloquemos las cosas en el mismo valor. A mí me parece lamentable y un signo de los miedos antidemocráticos que existen, las medidas de seguridad y el siniestro Congreso vallado que viene de épocas inmemoriales y que le cierra las puertas a los mejores referentes del pueblo, ni para presenciar los debates. A esa Argentina la queremos cambiar.
¡Hablo en nombre de otra Argentina, que quiere acabar con los miedos! ¡Que sufrió todas las represiones! ¡Que no quiere más represiones! ¡Que no quiere una juventud reprimida! ¡Ahí está esa fabulosa y gloriosa juventud en las calles de Buenos Aires! ¡Esta “oleada verde de chicas que está expresando una marcha que lleva años, de las mujeres, nada menos que por el reconocimiento igualitario de sus derechos! ¡No solo el derecho a la vida de las mujeres! ¡El derecho a poder decidir sobre su cuerpo! Y, ¿por qué no? ¿Por qué tenemos miedo de decir que el derecho a gozar? ¡A gozar de la vida y a gozar de su cuerpo!
Sí, señora presidenta, yo lamento profundamente, señores legisladores, que en todos los debates que he escuchado, o casi todos, y en las comisiones, hubo un gran ausente, lamentable ausente: ¡la mujer, señora presidenta! Esos debates discurrieron entre análisis científicos, jurídicos o médicos. ¡Era un objeto, un objeto descartado la mujer!
¡Una verdadera vergüenza! No puedo olvidarme de mujeres que he conocido y que han sufrido el tema central de este debate, que no es teórico. Puede serlo o puede no serlo, ¡pero mientras nosotros discutimos y podemos discutir años sobre la validez de una interpretación de la Constitución Nacional o de las distintas normas, hay miles de mujeres que no tienen otra opción que el aborto clandestino! ¡Porque ninguna ley represiva pudo, a lo largo de la historia, impedir los abortos!
¡Sinceremos el discurso, acabemos con la hipocresía de una clase dirigente que, sabiendo que mientras las más pudientes podían acudir a los abortos seguros, las menos pudientes estaban condenadas a la infección o a la muerte!
Hay que sincerar los discursos, y le voy a decir más, señora presidenta. Yo estoy seriamente preocupado por las vocaciones que se dicen democráticas y que respetan la Constitución Nacional. ¡Cómo es posible que acá exista una mayoría, posiblemente, en el resultado de esta noche, que cree que le puede imponer a la mitad, o más de la mitad de las mujeres argentinas, su mirada y su concepción del mundo!
¿Está claro lo que estoy diciendo? ¡Es inconcebible que legisladores que provienen de culturas populares y democráticas, piensen que le pueden imponer a la otra mitad del país su voluntad en un sujeto tan íntimo y tan personal que podemos debatirlo años! ¡Pero quienes deciden seguir o no seguir con el embarazo, son las mujeres! ¿Adónde está la democracia? ¿Adónde está el reconocimiento de que el otro no debe pensar igual que nosotros y que el otro es diferente? ¿Me lo explica alguno?
La Argentina, señora presidenta, parece que se han olvidado que desde su Constitución Nacional en adelante ha reconocido la pluralidad cultural; ha reconocido que es un país laico. Este país fue conformado por sucesivos procesos migratorios y civilizatorios de distintas procedencias culturales y en su mestizaje con los pueblos originarios ha dado este pueblo nuevo.
Pero le hemos garantizado a este pueblo nuevo la libertad de culto en la Constitución y la igualdad ante la ley. Entonces, ¿qué podría decir doña Raquel? ¿Cómo la puedo olvidar a doña Raquel, una mujer humilde que a sus treinta y cinco años y con cuatro hijos fue abandonada por su marido, que la dejó embarazada? ¿Qué tiene que hacer Raquel? ¡Qué tiene que hacer!
Y Susana, pobrecita: fue violada por su marido. Digo bien: ¡violada por su marido! Cuando no quería hacer el amor, su marido la molía a golpes. ¿Qué tiene que hacer con varios hijos y embarazada? ¿Qué tiene que hacer?
A Merceditas la violó el padrastro. ¿Podía ir a denunciar al padrastro? ¿Cuántas anécdotas nos han contado?
Pero claro, nosotros podemos seguir discutiendo sobre la teoría de la interpretación constitucional, jurídica, etcétera. ¿Y quién se hace cargo de estas cosas?
Lo que acá discutimos no es abortó sí, o aborto no. Porque nadie quiere el aborto. Y la ley que viene de la Cámara de Diputados, podrá tener limitaciones, ¡pero no le impone el aborto a nadie! Le posibilita a esa otra mitad de las mujeres argentinas que sin ser católicas o evangélicas profesan otras creencias o credos o a las que aun siendo católicas cristianas deciden interrumpir su embarazo.
Tildar, como hemos escuchado en los debates, de genocidas, de irresponsables, de asesinos a quienes decimos que hay que legalizar la interrupción voluntaria del embarazo, es un atropello que este cuerpo debe repudiar. ¡Porque si somos genocidas, son genocidas los principales países democráticos de la tierra; los que aplican de la manera más rigurosa los derechos humanos y sociales!
Hasta los países que profesan el catolicismo, como Irlanda –que lo acaba de votar– y como España e Italia –que hace muchos años que lo legalizaron y por múltiples razones, entre las que están razones de trabajo, económicas y psicológicas– permiten la interrupción voluntaria del embarazo.
Ahora, ¿quiénes se oponen a esto? ¿Quiénes se oponen? Los sectores más reaccionarios y ultraconservadores. Los de siempre. Porque en todas las luchas por la ampliación de derechos de las mujeres y por los derechos humanos y sociales, fueron las mismas fuerzas que se opusieron. Fueron las mismas fuerzas las que se opusieron al matrimonio igualitario, al divorcio y a muchísimos otros derechos que se conquistaron. Y todas esas conquistas llevaron muchas luchas.
Entonces, señora presidenta, es necesario colocar las cosas en su lugar. Yo también sufrí en mi juventud la represión del medio ambiente. Me coloco en la posición y en la actitud de los chicos de catorce, quince y dieciséis años que se aman. ¡Se aman! ¿O les vamos a enseñar que deben o no amarse?
Dios tuvo la grandeza, de junto a la creación, hacer descubrir al hombre y a la mujer el goce, que es un derecho humano fundamental. En esta vida de profundos sacrificios, ¿no va a ser un derecho? ¿Y qué derecho tiene el pobre, además, si en la crisis brutal que vive la Argentina –que va de una crisis a otra– no le queda por lo menos el derecho de amarse?
Yo lo sufrí en carne propia. A los dieciséis años me recibí de bachiller y me enamoré profundamente. Ella también. Nos enamoramos tanto, con la oposición de la familia de ella, que nos escapamos. Y nos amamos. Por supuesto, ella quedó embarazada. Al tiempo desapareció o no la vi por un tiempo. Y luego me enteré de que la verdad es que había entrado en pánico. Estaba tan perseguida por el miedo a la represión de sus padres y a la represión social, que terminó haciéndose un aborto clandestino. Hubo que internarla varias semanas, porque casi se muere de una infección. Yo lo viví. Viví el pánico de esa chica.
¡Yo no quiero una juventud con pánico, señora presidenta! Yo no quiero una juventud que le tema al mundo que viene, ni a los mayores. Tengo hijos, tengo nietos y soy católico, lo cual no quiere decir que apruebe todas las políticas de la Iglesia. Me parece que el arzobispo Poli nos ha faltado el respeto a todos hoy. Así lo entiendo yo, como católico. Decir que los senadores deben trabajar por el bien común, ¡chocolate por la noticia, arzobispo Poli! ¡Por favor!
¿Usted se mete también en la política nuestra? Usted tiene todo el derecho a meterse con los fieles, por supuesto, a aconsejarlos a cada uno. ¡Pero yo, como senador nacional de la Capital Federal que votó varias veces o se pronunció varias veces por la legalización de la interrupción del embarazo, soy el único senador de los tres que apoya esto, en una ciudad que mayoritariamente se ha expresado! Entonces, estamos en problemas, señora presidenta.
¿Quiénes son los que se oponen? Sectores ultraconservadores. Infelices palabras las del obispo, porque nos remonta a otras historias acerca de dónde estuvo la Iglesia. La verdad, la Iglesia bendijo los vuelos de la muerte. ¡La Iglesia sabía que se torturaba a mujeres embarazadas! ¡La Iglesia sabía que se entregaban los hijos de esas mujeres! ¡No los vimos en la calle denunciando ni marchando como marchaba Nora Cortinas, desafiando la represión frente a la Casa Rosada! ¡Hay que ponerse allí!
Entonces, yo estoy sorprendido de que haya incluso legisladoras que voten contra este proyecto de ley, que quizás no es el mejor, pero sale a exigir una política de salud pública para impedir esa injusticia.
Entonces, ¿por qué sigue existiendo esto? Porque sigue existiendo una concepción patriarcal de la mujer descartable, de la mujer tutelada, de la mujer infantilizada, de la mujer incubadora, señora presidenta. Pero no tenemos esa idea.
Además, señora presidenta, sea cual fuera el resultado de esta noche –y se lo digo a los que me están escuchando afuera, a las chicas y a los muchachos–, porque hay legisladores que orejean las cartas como si estuviéramos en una trágica partida de póker y hacen cálculos electorales, yo le decía que estas son causas. Y saludo la nobleza y la valentía de legisladores de distintas corrientes políticas, fieles a sus causas, no a las causas grandes de los argentinos. Y la causa de la ampliación de derechos y de ampliación de derechos de las siempre oprimidas y descartadas mujeres, es prioritaria en la Argentina.
Lo que yo digo es que hoy no es una derrota, se lo digo a las chicas que están afuera. Este es un triunfo monumental, porque hemos logrado colocar en el debate nacional, ¡ellas han logrado!, ellas, años de movilizaciones, un debate fundamental de esta Argentina, que siempre fue vanguardia en América latina de grandes causas que estaban prohibidas. Acá, en siete años, no duró más de siete años la dictadura genocida. Y fue el país el que le dio una lección al mundo al juzgar a los terroristas de Estado con un juicio ejemplar, no con el mamarracho que estamos viendo. Al adversario, la mejor calidad de justicia, la mejor calidad de justicia, con los mejores jueces y con el mejor respeto de los códigos procesales penales. Usted sabe a qué me estoy refiriendo. Si no, es una payasada que no la cree nadie.
Entonces, señora presidenta, esto se lo digo a los que están afuera: que nadie se deje llevar por la cultura de la derrota. ¡Bravo, chicas! ¡Ustedes han levantado alto el honor y la dignidad de las mujeres argentinas! Esta causa, esta noche tiene un pequeño descanso; pero en poquitas semanas todas de vuelta de pie, porque si no sale hoy, el año que viene vamos a insistir. Y si no sale el año que viene, insistiremos el otro. ¡Nadie podrá parar a la oleada de la nueva generación! ¡Será ley! ¡Habrá ley contra viento y marea! Gracias, presidenta.

POR Prensa


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