Luego de su aprobación en Diputados, esta semana se tratará en la Cámara Alta. El objetivo: caja para pagar duda externa ilegítima.
En la sesión del pasado miércoles, sólo los diputados de Proyecto Sur apuntaron al objetivo real de la reforma de la Carta Orgánica del BCRA: obtener capitales para maquillar el déficit fiscal y pagar deuda ilegítima (por más de 5600 millones de dólares), en concreto la del Club de París, contraída en su mayor parte durante la última dictadura militar.
A pocos días del 24 de marzo, es una afrenta contra la Nación y el Pueblo que un Ejecutivo que se dice defensor de los Derechos Humanos siga pagando deudas contraídas por Jorge Rafael Videla y su gobierno genocida, máxime cuando se trata de deuda privada plagada de irregularidades y que fuera ilegalmente contraída y estatizada por la dictadura.
El kirchnerismo sigue adelante trasladando sumas exorbitantes de dólares al extranjero, y desdeñando los fallos que son un hito en la jurisprudencia argentina. Hablamos del dictamen del juez Jorge Ballesteros, de mediados de 2000, que encontró 477 ilícitos en la deuda pública. Es la conciencia colonial que sigue cultivando nuestra dirigencia política lo que de seguro llevará esta semana al Senado de la Nación a ratificar el proyecto obtuviera media sanción en Diputados.
La extensa sesión del pasado miércoles fue poco más que una puesta en escena plagada de retórica y “buenas intenciones”; el oficialismo, como es ya costumbre, se abocó a remarcar los aspectos “nacionales, populares”, de la reforma… La posibilidad de una mayor intervención del Banco Central sobre la economía y las finanzas, se dijo, es un acto de soberanía.
El proyecto se refiere, por ejemplo, a “"establecer políticas diferenciadas orientadas a las pequeñas y medianas empresas y las economías regionales". Pero no habla, por ejemplo, del expolio sojero, de la megaminería depredadora, ni de promover el transporte ferroviario a escala nacional a fin de que las economías regionales ganen en productividad. Es decir, el proyecto oficial, en este caso como en muchos otros, habla en teoría, sobre el vacío.
Se propone incentivar el "empleo", y abogar por la "estabilidad monetaria, financiera y el desarrollo económico con equidad social". Pero nada se dice sobre las insuficiencias estructurales del modelo, ni de la necesidad de inversión productiva sobre áreas estratégicas de la economía (energía e industria de avanzada, fundamentalmente).
Lo que interesa, en suma, tapar el agujero fiscal: entre vencimientos de deuda, adelantos transitorios y utilidades, el Gobierno podrá disponer -entre reservas y emisión de moneda- alrededor de 170.000 millones de pesos para cubrirse las espaldas. Vemos las consecuencias de la fiesta irresponsable del derroche clientelar e improductivo de estos años. Se viene el ajuste.
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